OS FORATOS DE LOMENÁS: LE TOUR DU VIGNEMALE (28/09/2019)

Autor: 
Osquitar
Fecha Cronica: 
01/10/2019
Disciplina: 
Carreras de Montaña

FECHA: 28/09/2019. DISTANCIA: 73 kms. DESNIVEL: +5.660 mts. DORSAL: 124 TIEMPO LISTADO: 17h. 48’ 40’’ TIEMPO CHIP: 17h. 48’ 40’’ RITMO: 14’ 38’’/km. PUESTO: 43/73-103(128) PUESTO CATEGORÍA: 18/47 VET A M

Cuando para 2018 los organizadores de la Carrera Os Foratos de Lomenás diseñaron el Maratón de Tendeñera, pensé en apuntarme en este 2019. Pero resultó que no conformes con el Maratón, para 2019 se les ocurrió montar un ultra de 73 kms. llamado Le Tour du Vignemale, que daba la vuelta al macizo, más una propina por Tendeñera.  Así que, ya puestos, pues inscrito. También estaba apuntado a la CC45 quince días antes. Pero bueno, a eso casi un año vista no le ves tanto problema.           

El Maratón de Canfranc fue duro. Castigador. Fuimos deprisa. Las dos últimas semanas había intentado sobre todo descansar y mantener. Aquí se trataba de disfrutar y acabar.

La salida se dio a la medianoche del viernes al sábado. Allí estábamos Marcos y yo, de nuevo mano a mano, pero entre bastantes conocidos. Daban buen tiempo, aunque una noche fresquita. Quizá algo de niebla en Francia. Así que salimos con un par de capas y la térmica en la recámara.

La salida es por una calle empinadísima en Torla, para seguir ascendiendo unos 200 metros de desnivel. Salimos algo adelante y, no me preguntéis el porqué, pero corriendo por cuestas que normalmente debo subir andando, por mucha primera cuesta que sea. El primer corte de 2 horas en San Nicolás de Bujaruelo no era cómodo, pero de ahí a salir como motos,…Después el ascenso es más tendido por un bonito GR. Ya alternábamos trote con paso ligero en las subidas. Deprisilla.
Pasar por San Nicolás en apenas 1h. 30’ nos tranquilizó. Además venía un ascenso de 1.000 metros a Bernatuara en el que no había duda, a caminar a un ritmo constante. La vuelta al Vignemale ya la habíamos hecho por libre. La conocíamos. Bonita y dura, pero por senda más o menos cómoda.             Aun así, Marcos tiraba en la subida como si no hubiera un mañana. Yo, si notaba que era demasiado, me descolgaba y Marcos aflojaba algo. Llegamos al Collado sobre el Ibón. Casi 3 horas. La oscuridad era casi total donde no llegaban los frontales pese al cielo despejado: había luna nueva.             Tocaba el descenso por territorio francés hasta la Barrage d’Ossue. Nada de niebla. Buena bajada. Pasamos a un compañero que normalmente corre mucho. Alguien no estaba donde debía. Era él, su frontal no iba bien, le dejaron uno y al rato nos pasó como un rayo.            Tras pasar el control de Barrage d’Ossue, venía el ascenso hasta la Hourquette d’Ossue, sobre Baysellance, a los pies del Vignemale. Ascenso largo y mantenido. China chana, a ritmo, íbamos cumpliendo los tiempos. Llegamos al refugio y tras unos 100 metros más de subida, a descender al Refugio de Oulettes de Gaube, con la vista más espectacular de la norte del Vignemale. Menos mal que la recordaba bien, porque no había amanecido y no se veía un pimiento. La bajada es por sendero muy pedregoso, así que fuimos con cuidado y nada deprisa, no se podía trotar más que algunos pequeños tramos, poco. Marcos decía que al final mejoraba. Sí, los últimos diez metros antes del refugio. Llegamos en 6h. 35’. Mi previsión era de 7 horas.

Apenas paramos. Comimos y bebimos y poco más, antes de proseguir y encarar la subida al Puerto de los Mulos y pasar a España. Yo para animar iba diciendo que ese punto era psicológicamente clave, ya “volvíamos”. El ascenso al Collado es corto pero duro, agreste, por sendero pedregoso, empinado. Amaneció poco antes de llegar, aún pudimos ver la silueta del Vignemale a nuestras espaldas antes de lanzarnos para recorrer en descenso la cabecera del Valle del Ara.

           

¡Qué largo es el descenso hasta la Cabaña de Ordiso! Lo sabíamos. La senda a veces se difumina, y otras no permite trotar. Cuando se podía, lo hacíamos. La Cabaña no llegaba nunca. Para colmo, en un paso estrecho tuvimos que esperar a que lo hicieran media docena de vacas que subían. Luego otra empezó a mugir de manera impresionante e incluso parecía que nos perseguía. Nunca he visto a Marcos bajar tan rápido. Llegamos a la cabaña a las 9h. 24’ sobre 9h. 40’ previstas. Bolsa de vida. Ahora comenzaba la parte más dura de la carrera, precisamente al abandonar la vuelta al Vignemale y encarar parte del Maratón de Tendeñera. Pensé que completar el círculo hasta San Nicolás y de allí a Torla, hubiera sido un recorrido más lógico para el título de la prueba, y suficiente.

           

Paramos unos 10 minutos y reanudamos la segunda parte de la prueba. Tras ascender por el Valle de Ordiso entre prados hasta una cabaña derruida, giramos al sur para encarar la subida a la Peña de Ordiso. Bueno, bueno,…”totieso parriba” por una ladera herbosa sin senda ni nada. Vaya ascenso, ahora que empezaba a pegar el sol. Criminal.

 

Llegamos a la cima y el siguiente tramo era aún peor, un descenso al principio muy empinado, con cuerda añadida para quitar miedos y una media ladera por terreno muy pendiente. No era peligroso pero se avanzaba lentamente si no eras un “kamikaze”. Marcos lo pasó realmente mal. Llegamos al Collado de Ordiso y ya por senda hasta el Collado de Tendeñera. Del collado, un ascenso duro, empinado, entre piedras y rocas, pero al menos por trazas de senda, nos dejó en la antecima del Tendeñera. 13 horas, 10’ menos de lo previsto.
 

No había hollado nunca su cima, pero me alegré cuando nos indicaron que a bajar ya. Llegamos a un collado y de ahí había que descender hasta la Cabaña de las Comas. Al principio el descenso es bastante empinado y pedregoso y mi compañero, que en las subidas tiraba como un animal, iba bloqueado bajando. La segunda parte ya por pastos fue mejor, aunque largo, muy largo.

Con el sol calentando de lo lindo, encaramos la subida al Tozal de las Comas. Una subida de nuevo fuera de sendero y por la línea de máxima pendiente. Terreno herboso pero salvaje. Una emboscada para nota. Destroza piernas y destroza mentes.  Hicimos un grupete de cinco que luego se fue estirando. Dejamos lo que creí era el Tozal algo a la izquierda y casi por el cordal alcanzamos una redondeada cima. Allí estaba Monrasín con su cámara. (Aquí su foto)

Incauto de mí quise imaginar que ya era el Litro, pero no. Allí al fondo lo teníamos. ¡Madre mía si está lejos!, chilló desesperado uno de los compañeros. No tanto, pero teníamos que descender para luego afrontar una subida por unas eses marcadas sobre la hierba que asustaban a esas alturas. Tengo que decir que no fue tan fiero el león como parecía. Más corto y llevadero de lo esperado, pero desanimó a más de uno y me quedé solo.

           

El descenso del Litro era también “patapum pabajo”. Para colmo, mis tripas empezaron a avisar de que no había hecho los deberes matinales diarios. Así que tuve que hacer una parada a la sombra de un abeto solitario. El descenso se suavizó, mi cuerpo se templó, y al poco llegué a una pista con un avituallamiento.

Yo no sé si la sangre no llega bien a la cabeza porque está en las piernas o qué, a veces “la carrera me confunde”. Pregunté cuántos kilómetros quedaban para el siguiente avituallamiento y me contestaron que quedaban cuatro a meta. ¿? ¿No quedaban unos 7 u 8? No, no,… 4 por pista y luego camino bueno, señalizado con cinta, me dijeron. Llevaba 17h. y poco; si no me dormía, bajaba de las 18 horas previstas. Pues en lugar d dejarme llevar, a darle. Empecé a bajar por la pista y apenas unos 20 metros, el reloj GPS con la ruta se quedó sin batería. En esto que no vi cintas y me empecé a “rayar”. Miré hacia atrás y no bajaba nadie, ahí había un par en el control aún. Vi una cinta y seguí trotando a buen ritmo pero algo mosqueado hasta que veía la siguiente cinta. Calculé que llevaría 3 kms. cuando por fin otra cinta impedía el descenso por la pista y te mandaba por un PR señalizado. Un corredor que subía de Torla me dijo que quedarían 2 o 3 kms.,…¿Aún? Bueno, seguí trotando que podía conseguirlo. Alcancé a dos compañeros que bajaban andando y les dije que podíamos bajar de 18 horas, así que los bribones empezaron a correr, por eso y para que no les adelantara,..Jeje, Daba igual, yo ya solo pensaba en llegar y bajar de 18 horas a ser posible. En 17h. 48’ cruzaba la meta, jaleado por Toñin Laguarta, el gran speaker. ¡Otra para la colección! Gritó antes de hacerme unas preguntillas a las que no sé ni que respondí, que está el cerebro como para pensar. Carrerón que se hace muy duro, sobre todo la segunda parte. Muy bonito, aunque la noche te oculta una parte espectacular. Marcos llegaría unos 20’ después que yo, las bajadas siempre le penalizan.

 

 

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