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Carreras de montaña

Cuando busco cuadrar el calendario de carreras, voy mirando aquellas que me encajen, y en un radio de acción relativamente “cerca”: además de Aragón, miro Navarra, Cataluña, País Vasco y La Rioja. El caso es que no encontraba nada para el mes de junio, antes de la cita clave en Vielha, para la VDA. Buscaba una ultra, entre 50 – 100 km. Había descartado los 100 km de la Ultra de Andorra porque ya estaban hechos, y descarté también los 80 km de esa prueba por dos razones: la primera, que la carrera arrancaba un viernes por la mañana, y me obligaba a gastar un festivo, y la segunda, es que el precio de inscripción iba por tramos (“tiers”), y a lo que miré, se había ido totalmente de madre. Bronchales no me servía tampoco (han quitado la ultra de 75 km que estrené en 2024), no sólo por distancia, también por proximidad a VDA. Así que le pregunté a Microsoft Copilot.

El caso es que me sugirió la Euskal Herria Mendierronka, 67 km, unos 3600 m de desnivel positivo en Leitza, Navarra, y un precio muy razonable, una carrera que reivindicaba el montañismo euskaldun. Daban 13 horas máximo para completarla. Las cifras me parecían algo justas (intuía que podía ir pillada de tiempo), pero confié en el terreno, un híbrido entre la Nafarroa Extrem y la Ehunmilak. Yo no conocía de nada esa carrera, pero me llevé una buena alegría cuando le pregunté a Urzuri (a quien conocí en la ehunmilak) si la conocía, y me dijo que no sólo la conocía, sino que iba a la carrera. Además, Borja, de los correcaminos, la había corrido en alguna ocasión (con mala climatología), pero me dijo que era una carrera muy chula. A partir de ahora me referiré a ella por sus siglas, EHME, que si no se hace muy largo.

Track de la carrera

Esto ya quedó planeado en marzo, luego llega abril, llega mayo, y llegan las sorpresas. Por circunstancias, mi suegra estuvo unos días en el hospital, así que los planes iniciales para mayo cambiaron un poco. Mi idea original era correr la Ultra de las Graderas de Valle de Vío el 16 de mayo, y al día siguiente Alcaine. Un plan algo machaca, pero que emulaba en cierta parte lo que quise hacer con el Desafío Platino de Añón de Moncayo (que quedó en Diamante por las tormentas). Con el tema hospital, lo descarté salvo Alcaine, una cita sagrada desde 2016. Ya a mi suegra le dieron el alta, y me vi en la tesitura de hacer algo en mayo para poder llegar a la EHME en ciertas condiciones. Pero no me encajaba nada. Había maratones con sus plazas ya cubiertas, otros casos en los que el desplazamiento no me merecía la pena, y finalmente me apunté a Peña Canciás, en Fiscal. Eran “sólo” 24 km, pero tenía el desnivel suficiente para servirme como entreno.

La carrera era el sábado 23 de mayo, fui con Raúl porque él en paralelo se iba a hacer el recorrido de la Treparriscos, aunque eso le supondría que tendría que esperarme. La Peña Canciás ya la había hecho en 2017, pero ese año la subida era más larga, y este año habían quitado algún km. Y, de hecho, la subida fue fenomenal, lo malo fue la bajada. En la parte más sencilla y básica, una bajada por un camino cubierto de hojas, mi pie perdió tracción, o bien se tropezó con algo escondido bajo las hojas, y me pegué un hostión monumental contra el suelo, de tal forma que acabé aterrizando sobre las costillas. Me quedé sin aire durante unos instantes, no podía respirar, pero afortunadamente estaba acompañada por dos corredores veteranos que no me dejaron sola. Conforme me levantaba y trataba de correr, con un dolor de costillas más que intenso, pensé “a tomar por culo la EHME”. Es más, hasta pensaba en la VDA. Sé lo que es el dolor de costillas, ya lo he experimentado en alguna ocasión.

Completé el recorrido, con dolor sobre todo en el costado izquierda, y en meta me examinaron. No tenía nada roto a simple vista, fisurado es otra cosa, eso no se podía saber, salvo que fuese a urgencias (que no fui). La semana siguiente me la tomé con calma, básicamente iba en bici y nadaba algo, y la siguiente, la semana de la carrera, ahí me tuve que poner a prueba.

El caso es que podía correr, pero el costado izquierdo en concreto me molestaba algo con el movimiento de brazos. Al final me hice un apaño, con algo de esparadrapo, sujetando la zona, cimbreaba menos el costado y dolía menos. A lo mejor hasta se obraba el milagro.

Ya con todo en marcha, reservé alojamiento para la noche del viernes en Betelu, a unos 20 minutos de Leitza (donde no quedaba alojamiento a precio razonable). Tenía que hacer noche de manera impepinable porque la carrera arrancaba a las 8, y era inviable ir y venir en el día.

El viernes de la carrera, después de comer, ya me iba hacia Leitza, mi intención era coger el dorsal el viernes, ya que (se suponía) que el sábado solo lo daban hasta las 7 de la mañana, y madrugar tanto para eso me daba pereza. Y llegué a tiempo, llegué. Los dorsales los daban hasta las 8 de la tarde, pero podo después de las 7 ya había aparcado en Leitza. El viaje se hizo más o menos llevadero, salvo la parte de Pamplona, si quieres esquivar los peajes. La temperatura era agradable, y el pueblo era precioso. Me dediqué a hacer fotografías, todos los rincones me parecían muy bonitos. Me topé con una pareja de Peña Guara, no los conocía, pero les saludé. La verdad que era raro ver a alguien de Aragón, la mayoría estaba corriendo la Tozal de Guara, en Nocito (carrera que descarté porque ya la he corrido varias veces).

Zona de salida y meta en Betelu

La operación de recogida de dorsal fue muy sencilla, allí comprobaron que llevara el material obligatorio (la lista no era muy extensa), y me dieron la bolsa de corredor, que contenía un queso idiazábal, una lata de sidra y una camiseta con muy buena pinta, no estaba nada mal. Me pillé unos filipinos en una tienda, que tenía mono, y sin mucha dilación, me fui para el coche, con intención de llegar a Betelu a una hora razonable y dormir en condiciones.

Betelu está muy cerca en distancia, pero se tardan 20 minutos porque está en una zona más baja, y la carretera tiene curvas. Pero enseguida estaba en el pueblo y a las puertas del hostal. Hice el check-in y pasé a la habitación. Dejé las cosas y salí un poco a despejarme la cabeza, ya que la tenía como un bombo del viaje. Un grupete de críos me dijo que habían marcado parte del recorrido (que pasaba por ahí cerca). Al final, me marché a la habitación y cené ahí una ensalada de pasta que me había traído, más los filipinos que no me había comido en la primera tacada.

Me eché a dormir, y dormí bastante bien, pero ya sobre las 6 estaba en pie, preparándome. Tardé tan poco en prepararme que enseguida salí del sitio, y sobre las 7 y poco de la mañana ya había aparcado en Leitza. En este caso, como estaba cerrada la entrada principal, me desviaron por otra entrada, Vi un hueco y aparqué, pensando que estaba lejos de la salida. Para mi sorpresa, estaba muy cerca.

Y con mis mejores galas, toda de azul, me fui hacia la salida, con la intención de tomar un café lo primero. Me fui a una cafetería que estaba hasta arriba de corredores, pero enseguida me pude sacar un café. Y entonces oí una voz amiga, era Urzi, iba con su pareja, que también corría. Estuvimos un rato en el bar y ya nos fuimos hacia la salida.

Urzi y yo antes de salir

Hacían un homenaje a un músico de la zona (Gorka Urbizu), y después del aurresku, nos dieron la salida. Nosotras estábamos en un lateral, más bien por detrás, así que acabé saliendo muy atrás, cosa que tampoco importaba mucho, porque intuía (y no intuía mal) que estaría por detrás en la carrera. Llevaba los manguitos puestos. Salimos todos juntos, tanto las que la corríamos íntegra, como quienes la hacían por relevos de dos (el dorsal era de diferente color).

Urzi y su pareja iban a un ritmo muy bueno. Yo trataba de encontrar el mío, vigilando de cerca el dolor de costillas. Llevaba calmantes por si acaso, pero esperaba no tener que tomarlos. La pareja de Huesca pasó a mi par. El caso es que yo sabía que iba a estar por detrás, pero tampoco me preocupaba demasiado, con tal de llegar a los cortes horarios. Lo que sabía casi seguro al 100 % era que, ni en mis mejores sueños, me iba a mover por debajo de las 12 horas.

Los primeros km nos llevaron por zonas boscosas, junto a caballos, y mucha sombra. El entorno no podía estar más bonito. Una corredora veterana pasó a mi par, animándome. Yo sentía que estaba hacia el final del pelotón. Algo antes de las 9:30, alcancé el primer avituallamiento, Pagozelai (1:24:04 de carrera, 9,6 km). Se ubicaba en el puente que pasaba por encima de una autovía. El avituallamiento era líquido, pero había gominolas. Rellené botellines y trinqué algo de comer. No es que fuese muy sobrada de tiempo, es más, un corredor a mi par le decía a un colega suyo que “íbamos justos”. Seguí la marcha.

Primer avituallamiento, Pagozelai

 

Los caminos eran muy corribles, que digo yo, y la temperatura llevadera. Una señora tenía un letrero en su casa que ponía WC, y, efectivamente, ofrecía el baño de su casa a los corredores. Entré y aproveché a mear en condiciones, menudo tesoro de señora.

Parada técnica en la casa de una amable señora

A mi par iba Ricardo, un corredor veterano, pero nuevo en esos lares y distancias. Yo miraba el reloj, no iba demasiado fina de tiempo. Acabé apretando al final, sobre todo cuando intuí que el avituallamiento y control horario estaban próximos. Al fondo, veía las montañas, con nubes en las cumbres. No sabía cuál subía, pero sabía que subía una de ellas. 

Antes de llegar a Gaintza

Por fin, ante mí, el avituallamiento de Gaintza (tiempo transcurrido 2:59:05,18,2 km). El corte estaba establecido a las 12:15, vamos, que había llegado justa justa (eran las 12:00). 

Segundo avituallamiento, Gaintza

El avituallamiento era completo, y me puse fina de coca cola, gominolas (eran brutales, parecían artesanas), y también le di buena cuenta a una tableta de chocolate Milka que tenían sin abrir, y que pregunté tímidamente si era para nosotros. La verdad que no me encontraba mal, y del dolor de costillas ni me acordaba. No me quise distraer mucho más, y salí del avituallamiento. Por delante, un km vertical. Saliendo del pueblo, unas mujeres nos ponían una guirnalda para pasar por debajo.

Amables señoras

Se nubló un poco, la temperatura no podía ser mejor. Iba a la par que Ricardo, pero metí el turno en la subida, y lo dejé atrás. El siguiente corte horario no era hasta Lekumberri a las 16:30, pero para eso quedaba un mundo, y no me terminaba de aclarar con si iba bien o mal para lo que me quedaba hasta entonces. El km vertical era por etapas, por así decirlo. Una primera parte por camino descubiertos, otra parte en medio de los árboles. Así poco a poco, hasta alcanzar una parte más pedregosa. 

Strike a pose

Un par de corredores había ido a mi par, pero uno se quedó esperando a su amigo, que iba algo más rezagado en la parte boscosa. “Dile a mi amigo que tire para adelante”, me había dicho, pero su amigo no hizo caso. En lo más alto, los voluntarios nos daban ánimos. Por fin coroné la cumbre del Irumugarrieta (4:32:55 transcurrido, 22,7 km). Es la cima más alta de las malloas de Aralar, con 1429 m de altura, también conocida con Intzako Dorrea (Torre de Gainza) o Sollazbirkagaña. El cielo había estado despejado gran parte de la subida, pero las nubes que veía nos estaban acompañando, y el entorno dejó de verse. Hacía más fresco, así que me subí los manguitos, y aproveché para hacer fotos en la cumbre. Había hecho el km vertical en hora y media, más o menos.

Foto en la cumbre

Cumbre del Irumugarrieta

Tocaba bajar. Al poco de coronar cumbre, había un avituallamiento líquido, no recuerdo mucho así que intuyo que paré lo justo, en Unagako putzua, km 24,8 km.

Avituallamiento de Unagako putzua (24,8 km)

A estas alturas de la carrera, prácticamente estaba sola. Aproveché una caseta para una parada técnica. Hice alguna foto, el entorno no podía estar más verde. Había algo de barro en algún tramo, pero era bastante compacto.

Parada técnica

Foto en la parada técnica

Crucé una carretera y alcancé el avituallamiento de Albi, km 27,8. Ahí estaba ubicada la bolsa de vida (de la cual yo no había hecho uso). El recorrido estaba balizado en los laterales con vallas metálicas y carteles, pero ya estaban retirando los carteles, como medio desmantelando el chiringuito. Entré un poco en pánico. Sin referencias de corredores, y sin ver a los escobas por detrás, no tenía ni idea de si estaba en tiempo, aunque, según los voluntarios, sí estaba en tiempo. El corredor que había esperado a su amigo tomó asiento, ya que su colega seguía por detrás. Sin distraerme demasiado, emprendí la subida, sumergiéndome de nuevo en el bosque. A lo lejos me pareció ver a corredores, aunque mayormente trotaba en solitario, haciéndome la goma de cuando en cuando con corredores esporádicos.

Avituallamiento de Albi

Un par de km después, tras atravesar una valla, tiraba todo recto por inercia. Me di cuenta pronto de que no había señales, y retrocedí hasta el camino bueno. Llevaba el track en el reloj, pero esta carrera no es que estuviese bien marcada, es que prácticamente no había opción de perderse. Pocos marcajes he visto tan exhaustivos.

Confusión en el camino, poca pérdida

Tiré para el siguiente avituallamiento. A las 14:38 alcancé Putzuzar (tiempo 6:38:36, 32,8 km). El avituallamiento era completo, pero estaban caninos de coca cola, así que paré lo justo. A mí el GPS hace rato que me daba un par de km de más, pero como iba mirando los tramos, no era consciente del global. Casi me salgo por donde no era, ya que vi alguien pasar hacia un lado, pero eso era para retirarse. Este era el punto de relevo de los corredores que la hacían en esa modalidad. El camino seguía enfrente, y un voluntario me dijo que quedaban 12 km para el control. No me hacían falta muchas matemáticas para saber que, si quedaban 12 km, y tenía menos de dos horas, ya podía correr y espabilar mucho, porque la cosa pintaba bastos. Recordaba también las palabras de Urzi, que aseguraba que los últimos 30 km eran para correr. Me quedaba algo más que esos 30 km, pero sí que es cierto que lo peor ya había pasado.

Avituallamiento de Putzuzar, 32,8 km

Empecé a correr y a apretar el paso en la medida de lo posible, totalmente concentrada, tirando en las subidas como nunca. Pasé por el avituallamiento de Irisbasko iturburua (39,7 km) como una exhalación, y sin parar, llevaba agua suficiente. Me disculpaba con los voluntarios, diciendo que “no llegaba”. El reloj corría y los km pasaban demasiado lentos. Empecé a pasar por núcleos habitados, a lo lejos se veía uno más grande, que quise pensar que era Lekunberri. El camino permitía correr, y así hice. Me tocó cruzar un río por una pasarela, y una pequeña zona con cuerdas junto al río, por la que me tiré sin talento. Casi ni pensaba. Alcancé un camino de tierra, vi a un par de corredoras a lo lejos, la una animaba a la otra a apretar el paso. Pasé junto a ellas, con cara de concentración, trotando como una condenada a borde de infartarme.

 

No llegamos

Por fin empecé a vislumbrar el avituallamiento, estaba en la calle y había un arco. Los voluntarios me animaban, miré el reloj, todavía no eran y media, alcancé Lekunberri a las 16:26 (8:26:33 de carrera, 45,5 km). Ya en tiempo, los voluntarios me animaron a comer y beber. Una de las corredoras veteranas, que había visto al principio, alucinaba de verme, y es que me había pasado antes del km 10, y se sorprendió del apretón que me había entrado. “Que soy maña”, le dije entre risas. Aproveché a beber coca cola, comer algo, rellenar botellines e ir a un baño que había ahí. Ya me relajé un poco.

Quedaban para meta unos 22 km (quizá algo menos). Un voluntario les dijo que en 3 horas nos lo ventilábamos, yo apostaba más bien por 4 horas, con lo que me sobraría solo media hora (pero suficiente).

Avituallamiento de Lekunberri

Salí del pueblo, pasé por un túnel largo, la verdad que el entorno era muy bonito. Troté un tramo de carretera hasta que un voluntario me indicó que había que girar hacia la izquierda. Las dos veteranas estaban a mi par. En la zona de bosque cogí algo el turbo, y las acabé adelantando. Un poco más tarde de las 6 alcancé una bonita zona, aproveché a hacer fotos, y alcancé el avituallamiento líquido de Iontza (54,5 km).

 

Avituallamiento de Iontza y fotos

Yo había observado en el perfil de la carrera un pico un tanto extraño hacia el final del track. Más bien lo que había visto era una especie de paredón, y sabiendo que el km vertical estaba más que pasado, yo quería achacarlo a un fallo de impresión. Y eso pensé hasta que el track me llevó a los pies de un pequeño montículo, y vi que las cintas tiraban hacia arriba, todo tieso, y no por el camino de la derecha, que parecía el más lógico, y que es el que cogió una corredora, a la que le eché un grito para que no se perdiera. Si, era una subida empinada, pero bastante corta y llevadera, que nos llevaba a la cumbre del Ireber (tiempo total 10:42:40, 56 km). La cumbre era algo pedregosa, había un hito con un cohete (al que al final no le hice foto), y se nubló un poco. Hacía algo de fresco, pero me bastaba con los manguitos. A mi par iba Kompa (Roberto), un corredor que había salido de una lesión de rodilla, y que iba en tirantes, desafiando el fresco. Parte de la bajada la compartiríamos.

Cumbre del Ireber, 56 km

Conforme avanzábamos, se oía un ruido peculiar en medio de la niebla que cubría parte de este tramo. Eran molinos de viento, el ruido era de las aspas, que se movían implacables. Seguimos trotando. Hubo un momento en el que Kompa se tuvo que parar por un calambre, pero me alcanzaría, después cogería algo de delantera. Yo llevaba bien el ritmo, no me hacía falta más, ni quería más, porque no quería caerme (que la caída de Peña Canciás estaba demasiado reciente). Sólo hubo un tramo en el que me resbalé un poco, porque había algo de barro y surcos, y no terminé de atinar dónde debía pisar.

 

Molinos de viento en el camino

Había otro avituallamiento completo en Idiazabal (59,5 km), aunque los parones eran cada vez más cortos, ya que quedaba poco para alcanzar meta. En el avituallamiento nos dijeron a Kompa y a mi que llevábamos buena cara. La verdad es que, si la cosa no se torcía, estaba todo hecho prácticamente. Yo a estas alturas correteaba feliz y me dedicaba a la visión contemplativa.

 

Avituallamiento de Idiazábal

Llegué a hacer otra parada técnica, había bebido bastante agua y se notaba (y mejor, porque cuando sudo demasiado y no meo, acabo notando presión en la vejiga que no me gusta nada):

Parada técnica, supongo

El festival de avituallamientos de esta carrera es digno de mención, alcancé Jaundegiko borda a las 20:09 de la tarde (tiempo 12:09:24, 64,6 km). No paré, aún me quedaba agua, y en menos de media hora estaba en meta.

Jaundegiko borda, 64,6 km, avituallamiento líquido

 

Efectivamente, seguí correteando para salvar los apenas 2 – 3 km que me separaban de meta. Alcancé la meta en Leitza a las 20:29, casi a las 12 horas y media de carrera (12:29:56). La animación era espectacular y el recibimiento te hacía sentir como una ganadora.

Meta en Leitza con Kompa

Ya en meta, saludé a Kompa, me fui a tomar una cerveza (una sólo, que tenía que conducir), y me fui al coche a cambiarme de ropa y a por mi tupper que me había traído. Justo en ese momento estaba teniendo lugar la entrada de premios, por lo que me quedé sin foto finish. En la zona a cubierto, estaba el avituallamiento final: un montón de mesas con corredores comiendo paella. Además, daban yogures y fruta. Yo la verdad que en ese momento me veía incapaz de comer tanto. Saludé a los dos corredores de Peña Guara, que habían acabado hace rato. Urzi se había marcado un carrerón muy bueno, había llegado una hora antes que yo (algo más). Me cambié y volví a por comida. Antes de coger el coche, me fui a la misma pastelería donde me había tomado el café por la mañana. Me atendió la misma chica, una moza colombiana super maja con la que estuve charrando de su país. La verdad que ese café me sentó genial, aunque me despejó demasiado. Y ya cogí el coche, serían las 9 de la noche o así, me quedaba una buena tirada a casa.

No tenía sueño (había dormido bien y el café ayudaron), pero el GPS se empeñó en meterme más cacho de carretera que a la ida, y en lugar de sacarme a la autovía a la altura de Tudela, lo hizo después, aunque acabé tardando un tiempo parecido. Luego eché algo de gasolina, y hasta medianoche no llegué a casa. Me duché y ya no cené, no me apetecía. Esta vez no pude llegar a mesa puesta, se me había hecho demasiado tarde. Lo malo que me costó dormir.

Y de esta manera finalizaba esta carrera. Una carrera que me había sorprendido gratamente, para bien. Una zona preciosa, unos avituallamientos generosos, una gran cantidad de voluntarios, y una climatología más que perfecta. Por no hablar de las dos cifras, la distancia y el tiempo justos. Con esta carrera recuperé la confianza de cara a la VDA, porque el dolor de costillas, aunque persistía, era más llevadero de lo que pensé en un principio. Es cierto que, fruto de la carrera, perdí (otra vez) la uña central del pie derecho, pero es que siempre pierdo la misma (tengo unos dedos “cruzados”, herencia de mi padre). Ahora tenía un mes por delante para que se me pasara el dolor del todo (aunque acabé corriendo otra carrera a la semana, una carrerica de 24 km en La Hoz de la Vieja, Teruel), y la verdad que afrontaba con muchas ganas el objetivo del año. Lo mismo le pasaba a Urzi, con la que hablé después, aunque en su caso en gran objetivo es el Gran Trail Aneto Posets. Y es que estas carreras tienen la dureza justa para prepararte de cara a objetivos más grandes.

Una carrera totalmente recomendable, a la que es probable que acabe volviendo. Gracias por todo, eskerrik asko. Volveré, muy probablemente.

 

Posición: 269 Dorsal: 371 MARTÍNEZ HANSEN, VANESA 

Tiempo: 12:29:56 (diferencia primero 5:58:38)

Pagozelai 1:24:04 (35) 9,6 km Avituallamiento líquido

Gaintza 2:59:05 (35) 18,2 km Avituallamiento completo

Irumugarrieta 4:32:55 (33) 22,7 km

Unagako putzua 24,8 km avituallamiento líquido

Albi 27,8 km avituallamiento completo

Putzuzar 6:38:36 (33) 32,8 km

Irisbasko iturburua 39,7 km avituallamiento líquido

Lekunberri 8:26:33 (31) 45,5 km avituallamiento completo

Iontza 54,5 km avituallamiento líquido

Ireber 10:42:40 (28) 56 km

Idiazabal 59,5 km avituallamiento completo

Jaundegiko borda 12:09:24 (28) 64,6 km avituallamiento líquido

Km vertical 1:33:50 (22)

Avituallamientos:

Lugar

Km

Avituallamiento

Leitza

0

Pagozelai

9,6

Líquido 

Gaintza

18,2

Completo

Unagako putzua

24,8

Líquido

Albi

27,8

Completo

Irisbasko iturburua

39,7

Líquido

Lekunberri

45,5

Completo

Iontza

54,5

Líquido

Idiazabal

59,5

Completo

Jaundegiko borda

64,6

Líquido

Leitza

67

Completo

Controles de paso:

Lugar

Km

Leitza

0

Gaintza

18,2

Irumugarrieta

22,1

Albi

27,8

Putzuzar

32,8

Lekunberri

45,5

Ireber

55

Leitza

67

Puntos de control y límites horarios:

Lugar

Km

Hora

Leitza

0

Gaintza

18,2

11:15 (3h15)

Lekunberri

45,5

16:30 (8h30)

Leitza (club)

67

20:00 (12h)

Leitza (individual)

67

21:00 (13h)

 

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