Cuando el año pasado hice la CSP de Penyagolosa, dije que “no volvía” (Fonsi puede dar fe de ello), no porque la carrera no me hubiese gustado, sino porque es un tipo de terreno que incita a correr mucho, y al final creo que estoy más en mi salsa en las carreras más montañeras (aunque dejo mucho que desear bajando las cuestas, pero bueno). La viví como un frenesí (tampoco ayudó mucho la paliza soberana de coche), y como además no se han hecho cambios sustanciales en el recorrido, pues vista estaba. Además, que llevo ya como dos años que he decidido probar nuevas carreras, y repetir por repetir, si puedo evitarlo, pues mejor.
Sin embargo, cuando me puse a escribir la crónica de la carrera, la ultra fue ganando con el tiempo, como los buenos vinos. El poso que iba dejando era cada vez mejor, y, sobre todo, constaté las diferencias entre el recorrido de la CSP y el de la MiM (Marató i Mitja), ya que ambas carreras dividen sus caminos a partir del km 30, más o menos. La MiM era la distancia original, la primigenia, tenía solera, y reconozco que eso despertó mi curiosidad, así que me planteé hacerla en 2026. Sería la edición número 27 de la MiM, y la número 14 de la CSP.

En azul, track de la CSP, y en rojo, track de la MiM
Conforme pasó el tiempo, se supo la fecha de la próxima celebración de la prueba: sábado 18 de abril. No coincidía con ningún puente, y era una semana después de la Maratón de Zaragoza (que iba a correr de nuevo con los Special Olympics). Era factible, pero coincidía con la Backyard Loop Alcañiz que se celebraba en homenaje a Rafa Esteruelas, que había fallecido, tristemente, en septiembre de 2025. Ahí me surgieron dudas, muchas.
Las inscripciones para la Backyard Loop salían en diciembre, mientras yo estaba de viaje en Taiwán. Y al sorteo de la MiM (ya que la asignación de plaza va por sorteo, salvo que seas un portento o por clasificaciones de otros años, que no era mi caso) había que apuntarse antes del 8 de diciembre. Decidí en el último momento apuntarme al sorteo, por si sonaba la flauta, y ya después decidiría. Tampoco contaba con muchas esperanzas, estamos hablando de 4000 preinscritos para 1500 plazas.
Cosas de la suerte, me tocó plaza, el 12 de diciembre supe que estaba dentro. Pero había que pagarla para asegurarla antes del 23 de diciembre, vamos, que antes del viaje debía decidir si aseguraba la plaza de la MiM, o si me esperaba a la Backyard Loop y veía si podía apuntarme desde el extranjero. Esto no es trivial: entre diferencias horarias, y posibles autenticaciones en el proceso de compra, no tenía muy claro si podría (no será la primera vez que necesito de un SMS en el extranjero, y no disponer de cobertura móvil). La verdad que, con todas estas dudas, opté por asegurar la plaza de la MiM, sabiendo que Jordi, Tricas y Óscar iban como representación Andandaeh a la Backyard Loop.
Después de este preámbulo, voy al grano, que después si no me salen unas crónicas que no hay quien se lea... El caso es que, con esta decisión ya tomada, pues para adelante. Esto me obligaba a mirar alojamiento en Castellón la noche del viernes, puesto que la carrera salía muy temprano el sábado (a las 06:00 de la mañana). Procrastiné mucho el tema alojamiento, porque había bastante disponibilidad, y no muy caro.
Por circunstancias, a mi padre le operaron de una hernia de urgencia, y quedó pendiente la operación de la otra, y, oh casualidad, fijaron como día de la operación el 17 de abril. Como la operación se hacía en régimen ambulatorio, en principio era factible que me encargase de llevarle y traerle a casa, y salir de viaje ese día a Castellón. Pero como me olía la tostada, decidí hablar con Fonsi y pedirle que, por favor, me recogiera (nuevamente) el dorsal, porque no tenía muy claro que pudiese llegar a tiempo (y fue providencial). Finalmente se encargaría Lena, su novia, que iba a acompañar a una amiga a la feria del corredor, y ya de paso recogía el mío. Algún año podré ver esa feria, snif snif. De paso, le dije a Fonsi que el tema del alojamiento estaba más complicado de lo esperado. Como había dejado de lado el tema, me vi que ya no había tanta disponibilidad. Contacté con un Airbnb, pero el inquilino lo tuvo que cancelar porque se había equivocado en las fechas, y no estaba en el alojamiento. Fonsi me ofreció su sofá, algo es algo. Pero a base de ir mirando continuamente, finalmente conseguí pillar habitación en la pensión Miami de Almazora, muy cerca de donde vive Fonsi.
Pasaron los días, llegó la maratón de Zaragoza, donde nos cayeron chuzos de punta, y me fui recuperando para lo que me esperaba. Me dejé todo preparado, y el viernes fui con mi padre muy temprano al Royo Villanova. Nos dio lo mismo llegar temprano: iban llegando más y más pacientes, y no sería hasta las 10 pasadas de la mañana cuando pasó dentro. Lo prepararon y lo llevaron a quirófano. Pasadas las 12, por fin pude hablar con la doctora, todo había salido bien, pero aún no podía verlo. Lo pasarían a una habitación, hasta que se recuperase de la epidural, pero era una habitación comunitaria, con muchos pacientes, por lo que no podría verlo hasta que tuviese que marchar a casa, que estimaban que no fuese hasta las 4 de la tarde como poco. Así que, lo primero de todo, llamé al hostal, porque el check in era hasta las 21:00, pero me dijeron que no me preocupara, que de una forma u otra podría conseguir las llaves si llegaba más tarde. Pude ver a mi padre un ratito, y le dije que me iba a casa a comer y a por mis cosas, y que volvería al hospital: de esta forma, una vez que lo dejase en casa, me podría marchar a Castellón.
Cuando estaba en casa, mi padre me llamó, que pintaba que la cosa se podía alargar más de lo esperado, así que decidimos que iría por mi madre a Villamayor, que la llevaría al hospital, y si a una mala me tenía que ir antes, que ya volverían ellos de alguna forma (taxi) pero al menos mi padre estaría acompañado. Pero, cosas que pasan, justo enfilaba al hospital con mi madre, que me llamaban que ya podía buscarlo. Así que, finalmente, pude dejar a ambos a buen cobijo, y a las 6 de la tarde ya salía de manera definitiva hacia Almazora directamente.
El viaje fue sin incidencias, llené el depósito a mitad de camino, y poco después de las 9 de la noche estaba en la pensión, donde recogí las llaves. Quedé con Lana (Fonsi curraba de tardes) y me dio el dorsal y la bolsa del corredor, me hubiera quedado más con ella (es una chavala muy maja, de Moldavia, pero desde chiquitina se había criado en España, con lo que me gusta a mi hablar de países), pero me tenía que echar a dormir porque el madrugón iba a ser de los majos. Así que ya plegué a la habitación, sencilla pero más que suficiente. Me duché, cené ligero y me dejé todo preparado para el día siguiente. Mi dorsal llevaba una estrella adicional, y era por haber completado la CSP el año anterior:

Bolsa de corredor y mi dorsal con estrella
Poco después de las 10 de la noche estaba ya metida en el sobre, tratando de dormir. Me iba a levantar sobre las 4 de la mañana, un pelín más tarde (04:10).
Me dio sensación de dormir bastante bien, aunque el Garmin no estaba de acuerdo. Por la mañana no tomé nada (prefería salir en vacío). Lo bueno es que los nervios del día anterior con el tema del hospital me habían dejado vacía del todo. Ya me vestí, llevaba un cortavientos en la mochila por si acaso, pero iba con lo justo, además de unas gafas de sol Oakley de las que estaba firmando su sentencia de muerte (y yo sin saberlo). Llevaba puestos manguitos, pero pintaba que íbamos a pasar bastante calor. Ya me fui al coche, tenía que conducir hasta la Universidad Jaume I. Ahora ya me sabía por dónde se entraba al parking, pero en lugar de ir por la circunvalación, decidí ir por el centro de Almazora, y ahí me lié un poco. Acabé llegando a la Universidad en torno a las 5:30, algo más justa de lo que hubiera querido. Y eso era la locura. Los coches que accedían desde la circunvalación, por donde accedí el año pasado, hacían una larga cola. Yo me pude meter antes porque venía de la rotonda con prioridad. Y ahí ya dentro, pues donde me pareció bien, aparqué. Encontré un hueco y me mandé la ubicación a mi misma (no es broma).
Ya fui hacia la pista de atletismo. Lo primero que tenía que hacer era validar mi dorsal para que me dieran la pulsera acreditativa. Sabía que era un trámite rápido, así que enseguida accedí al corralito de salida, que estaba petado de corredores. Avancé un poco hacia adelante, me situé en el lateral izquierdo, y vi una cabeza conocida: era Paula Figols. Ya me había dicho que iba a la carrera a raíz de mi post en Instagram, así que me alegré mucho de verla. Había quedado con una amiga. No era fácil: de 1723 inscritos, 1499 personas estábamos en la salida. Nos hicimos una foto, me di la vuelta, y justo me encontré con un corredor de la TrailCat del año pasado. En concreto, el pelirrojo con poncho verde que me ayudó a cruzar el río (en un par de ocasiones). Nos saludamos y nos reímos ante la diferencia de climatologías de una a otra prueba. También vería, aunque en carrera, a un corredor con barba (el de las mallas Hanker naranjas) con el que había coincidido en Bronchales y en la CSP. Antonio Cullell estaba también en la carrera, pero lo tuve por detrás y no llegaríamos a cruzarnos.

Foto con Paula

El señor del poncho verde, pero sin el poncho
Y ya por fin, puntuales, dimos la salida a las 6:00 en punto. Aunque el frontal no formaba parte del material obligatorio, lo necesitábamos para la primera hora como poco (no amanecía oficialmente hasta las 07:20). Y nos pusimos a correr como locos, algunos más que otros. No era para menos: la gente quería coger las primeras posiciones para evitar los tapones que se iban a producir.
Ay, los tapones... Los tenía presentes, pero no era consciente de que el doble de corredores iba a ser el doble de tapones. No tardó mucho en aparecer el primero, y no me quedó otro remedio que aflojar el ritmo y adaptarme al paso. Yo llevaba una chuleta con los sitios de paso y los cortes horarios, y había añadido 3 columnas: una con mis tiempos de paso de la ultra, hasta el último punto común de ambas carreras, otra columna con los tiempos que me daba la “ghost table” para hacer la carrera en 10 horas (que, en mi imaginario, era factible), y en un acto de optimismo supremo, había añadido los tiempos de paso para 9 horas:
MiM | km | D+ | D- | km A | D+ A | D- A | Cierre | CSP | 10 h | 9 h |
Castellón | 6:00 | |||||||||
BORRIOL | 8,4 | 362 | 228 | 8,4 | 362 | 228 | 7:50 | 7:13 | 7:07 | 7:01 |
BASSA | 14,4 | 719 | 503 | 22,9 | 1081 | 731 | 11:00 | 9:35 | 9:14 | 8:56 |
LES USERES | 8,6 | 459 | 475 | 31,5 | 1540 | 1206 | 13:00 | 11:22 | 10:38 | 10:11 |
Torrosselles | 9,5 | 552 | 387 | 41,1 | 2092 | 1593 | 15:30 | 12:17 | 11:40 | |
XODOS | 9 | 661 | 176 | 50,1 | 2753 | 1769 | 18:30 | 14:06 | 13:18 | |
Banyadera | 6,7 | 583 | 125 | 56,8 | 3336 | 1894 | 20:20 | 15:37 | 14:39 | |
SANT JOAN | 3,1 | 20 | 247 | 60 | 3356 | 2141 | 21:00 | 16:00 | 14:59 |
Tabla de cortes
Conforme el día se iba aclarando, y ya se distinguía a lo lejos Borriol, me di cuenta de que este primer tramo me iba a costar más que lo que me costó en la Ultra. Alcanzaba las calles de Borriol (8,5 km) a las 7:23, tardando 10 minutos más que lo que tardé en la CSP. En la CSP el corte era a la hora y media, muy ajustado; en la MiM, el corte era a las 7:50, entiendo que para adaptarse tanto a la cantidad de corredores como al nivel, que podía ser mucho más variopinto, dada la distancia de “iniciación” en la ultra.
En el avituallamiento paré lo justo, además no había barritas Glucobar, así que seguí para adelante. Comencé a subir el camino empedrado, que pasaba junto a una ermita, y esta vez pude ver el amanecer en Borriol, algo inviable en la CSP por los horarios. Era precioso, así que hice una foto:

Amanece en Borriol
Emprendí la marcha. El camino ya estaba totalmente iluminado, el frontal ya no era necesario, y aunque el pelotón de la carrera se había estirado bastante, aún había tapones. Fui incapaz de recuperar el tiempo en este tramo, y alcancé Bassa (23,1 km) a las 09:42 (02:35 tardé en la CSP, había rascado minutos en el tramo, pero poco). El gigante de piedra me recibía en todo su esplendor:

Gigante de Piedra de Bassa
En este avituallamiento, además de beber coca cola, comí algo, sobre todo barritas de Glucobar. Como no había desayunado, me estaba entrando el hambre. Los manguitos estaban arremangados, en algún momento los guardaría. Ya hacía calor, saqué también las gafas de sol. Seguí corriendo, por delante me venía un tramo pedregoso que de noche se me había estomacado un poco. De día, no tenía nada que ver, y se me hizo mucho más llevadero. De hecho, se descubría ante mí un universo multicolor. Muchos de los tramos corribles del año pasado los hice de noche, con niebla, y con fresco a tramos. Ahora, al margen del calor, se veía perfectamente, veía las casitas a mi alrededor, la gente animando en sus fincas. “Tú sí que sabes”, le dije a un grupete que almorzaba bajo la sombra junto a una casa. Era puro gozo, lo juro. Las dos cifras, que decía Óscar el de mi club. Pude disfrutar de todo aquello que hice de noche. Reconocí el Buff de un corredor corpulento que tenía delante, era del Gran Trail Peñalara de 2018 (la edición que corrí). Entablamos una conversación fugaz sobre carreras hechas, me dijo que como había ganado peso, había reducido las distancias, pero que había sido muy burro. En los tramos de subida yo le ganaba delantera, pero bajando, el tío volaba. Nos hicimos la goma a tramos parte de la carrera, aunque nunca fui a la par de nadie todo el rato.
Alcancé las calles de Les Useres (km 31,8) a las 11:24 de la mañana (05:22 de la mañana en la ultra). Esto es, había hecho el tramo en 01:42:42 (01:47:27 en la ultra). Apenas había rascado unos minutos a ese tramo, pero había grandes diferencias: la subida al pueblo se hacía en medio de una animación bestial, con gente a ambos lados de las calles y del camino, además se veía perfectamente, pero, por el contrario, hacía un calor considerable. Teniendo en cuenta que la hora de paso para cumplir 10 horas eran las 10:38, me despedí mentalmente de esa paja mental. Mucho tendría que mejorar la cosa (spoiler: no). Por supuesto, las 9 horas eran una entelequia a la altura de la paz mundial.
En el avituallamiento comí algo, había mucho de todo, pero reconozco que los sándwiches salados no me apetecían. Bebí coca cola, que se convertiría en mi gran aliada toda la carrera, y recargué a tope los botellines. El sol pegaba de lo lindo, y lo que te rondaré morena. Había una fuente junto al avituallamiento donde los corredores se remojaban la cabeza, y yo remojé la cinta que llevaba puesta. Salí de ahí, medio corriendo, medio andando, digiriendo la comida, y buscando el cruce de caminos. Yo sabía que en breves dejábamos el camino común con la CSP, y afrontábamos un camino más directo hasta el final. Lo que pasa es que no llegué a ver las cintas del cruce (y no terminaba de “reconocer” los paisajes, ya que los había pasado de noche), y luego entendí el por qué: probablemente ya se habían retirado las correspondientes a la Ultra, ya que por ahí el cierre de carrera había tenido lugar horas atrás (a las 06:10 en concreto). No sería hasta las 11:45 cuando alcanzase el track particular para la MiM.

Momento en el que dejo el track de la CSP
Lo que venía por delante era nuevo hasta (casi) el final (salvo los 3 últimos km). El sol pegaba fuerte, y me di algo de crema en los brazos y en la cara. En lo que no caí fue en darme por la parte de atrás de las rodillas, cosa que acabaría pagando. Compartía carrera, a cachos, con algún corredor. Hablaban de la CSP como si fuera algo bestial, y flipaban cuando decía que la había hecho el año pasado. Lo habitual es empezar por la MiM y pasar luego a la CSP, pero en mi caso, ande o no ande, caballo grande. Algunos corredores daban marcha atrás, y te los cruzabas en su camino de regreso al avituallamiento para retirarse. La queja habitual era el estómago, así que agradecía encontrarme bien de las tripas.
El camino, con escasa sombra, zigzagueaba tanto en subida como en bajada, pero se iba haciendo llevadero. Tiraba de bastones cuando tocaba, pero muchas veces, cuando tocaba trotar, los guardaba en el portabastones. Había decidido llevar uno de Wong, que hacía tiempo que no usaba, pero no es el mejor para estos casos: los bastones rebotan demasiado, y me estaban dejando machacada la parte baja de la espalda, casi donde pierde su nombre. Corrí mucho, y también sudé mucho en este tramo.

Zigzag en subida

Zigzag en bajada

Y más zigzag
Los caminos permitían trotar, si bien es cierto que con el calor había que regular. Por fin empecé a vislumbrar el avituallamiento, que se ubicaba en el patio interior de la Ermita de Sant Miquel de Les Torrosselles. Eran las 13:20, y había invertido 1 hora 55 minutos en ese tramo. Era el km 41,3, y me quedaba menos de la mitad. La chuleta de tiempos me decía que, para firmar 10 horas, tenía que haber pasado a las 12:17. Vamos, ya asumía que me iba a 11 horas como poco, pero, afortunadamente, lo asumía (no pasaba nada).

Llegada al avituallamiento de Sant Miquel de Les Torrosselles
El avituallamiento era espectacular. Reconozco que uno de mis incentivos para la carrera era conocer este avituallamiento totalmente ajeno a la CSP. El lugar era precioso (es un Castillo – ermita), y lo que allí había era para quedarse a comer y a cenar y recenar. Además de lo habitual de otros avituallamientos, había coca (de la de San Juan, que nos conocemos) para elegir la que quisieras. Yo fui a las barritas Glucobar y al menudeo, pasé por delante de las cocas, pero, aunque me llevé un trozo a la boca, se me hacía una bola y no podía tragarlo. No por mala, que estaba muy buena, sino por el reseco que llevaba. Los corredores aprovechaban el patio interior para sentarse y coger fuerzas. Yo, que estaba en modo machaca, paré lo justo y nada. No por nada, pero en estas ultras que se hacen en el día, no me gusta pararme demasiado porque luego no arranco, y son carreras que piden más chispa que las largas de pasarse la noche en vela. Así que, sin más dilación, y tras haber llenado uno de los botellines con coca cola, dejé el lugar para emprender la marcha.

Sant Miquel de Les Torrosselles, foto de la web. Accedíamos por el camino empedrado

Interior del avituallamiento
Me separaban de Xodos apenas 9 km, mayormente de subida (660 metros). El camino era descubierto, en gran parte, y siendo las horas centrales del día había que controlar muy bien el tema de la hidratación. Ya llevaba unas cuantas pastillas de sales. La manera de acceder al pueblo difería notablemente de la CSP. En la CSP accedías desde la parte superior, por la parte más al norte, y cruzabas el pueblo de oeste a este. En la MiM se accedía desde abajo, de tal forma que ibas viendo el pueblo conforme llegabas, un pueblo en lo alto de una especie de mirador, la imagen era bonita y traté de plasmarla.

Ya se ve Xodos en lo alto
Justo al final, tocaba subir una escalinata y ascender al pueblo, donde espontáneos nos animaban. Aplaudieron mi colorido, “por si me pierdo”, les dije. Y lo fácil que es encontrarte luego en las fotos… Finalmente alcancé el avituallamiento a las 15:18, casi dos horas había invertido. 14:06 era la hora teórica de paso para las 10 horas, lo que ratificaba que no había cambiado el pronóstico para irme a 11 horas.

Llegando a Xodos, foto de la organización

En azul, track de la CSP, que viene desde el norte y cruza el pueblo de oeste a este; en rojo, track de la MiM, que accede desde el sur y cruza de este a oeste
La peculiaridad de este avituallamiento es que no se comparte con la CSP, aunque coincidan en el espacio. Hay una valla a lo largo del avituallamiento que separa ambas carreras, de tal forma que evita confusiones en el track, ya que en la CSP cruzas el pueblo de oeste a este, y en la MiM se hace a la inversa. Y, de hecho, cada carrera tiene su agua, sus bebidas y su comida. A lo lejos, vi al pelirrojo de la Trailcat. Pero el puntazo mayúsculo estaba al otro lado de la valla, donde vi a Pablo, un chaval de mi carrera (de Ingeniería Química), ex vecino del barrio, con el que he coincidido en alguna que otra carrera (de las de correr). Iba muy bien, porque apenas le quedaban 2 horas (2 y media a lo sumo) hasta meta.
No comí demasiado, bebí coca cola, y un voluntario nos dio un remojón con una ducha – manguera a la salida, lo cual se agradecía. Aproveché el tramo de salida para mirar en el móvil cómo iba Paula. Iba muy bien, le quedaba poco para llegar a meta (15:24). Yo le había vaticinado 8 horas, y se había ido a las 9 horas 24 minutos, estaba claro que mis 10 horas deseables se iban a quedar en 11 algo. Lucy, que corría la CSP, seguía en carrera. Por delante yo tenía “sólo” 10 km (hubieran sido 16 en el caso de la CSP), y reconozco que la sensación mental era como muy buena. Tomé el camino asfaltado de la izquierda a la salida del pueblo (el de la derecha era por el que se venía en la CSP):

Saliendo de Xodos, imagen de Google Maps
En cuanto pude, me puse a correr, mientras el camino lo permitía. Pasadas las 15:30 nos adentramos en un bosque, la sombra era una gozada y tuve una resurrección en toda regla (y eso que no era consciente de haberme muerto).

Adentrándonos en zona boscosa
Estaba hablando con un corredor, de carreras pasadas, presentes, y futuras, y empecé a coger el turbo en la subida de casi 600 metros. Yo no lo sabía en ese momento, pero desde Bassa había estado escalando posiciones (en parte por los abandonos que hubo, 341; en parte porque en los avituallamientos me había parado lo justo). Se me hizo hasta llevadero. Algún tramo un poco más pedregoso, pero nada técnico, en cualquier caso. Poco a poco fuimos dejando la parte más angosta, y los caminos se abrieron, dando paso a una zona más abierta, pero en la sombra. Quedaba poco para llegar a Banyadera, una zona que me había tocado totalmente de noche en la CSP.
Una hora y 26 minutos después, a las 16:44, alcanzaba el avituallamiento de Banyadera, km 57,3. Aquí la gente apenas paraba, yo sí porque la verdad que me hacía ilusión ver vida. En la ultra ese avituallamiento no estaba operativo, y recuerdo que hasta me entraron dudas de si me había salido del track. Bebí coca cola y ya está, agua no me hacía falta, ya que sólo quedaban 3 km hasta meta. Aquí volvían a unirse los tracks de las dos carreras.

Avituallamiento de Banyadera, y vuelta al track de la CSP
En este tramo me relajé un poco y perdí posiciones. Me molesté en pararme a mear, y mientras tanto la gente zumbaba por el camino, ansiosa por llegar a meta. Mira que corrí, pero, a pesar de eso, se me fue media hora en este tramo. Coincidí en parte con un corredor que llevaba sandalias minimalistas para correr, iba más lento en algún tramo malo, pero me cogió delantera después. 40 minutos había invertido en la CSP, fruto del cansancio. Aquí el percal no tenía nada que ver. Conforme llegaba a la meta, la animación a los lados del camino iba en aumento, ya casi no quedaba nada. Llegué al fondo del parking y giré a mi izquierda, hacia la ansiada meta. No podía dejar se sonreír en las fotos que me hicieron durante todo el recorrido (otra ventaja sobre la ultra, de la que apenas tengo fotos).

Premeta, foto de la organización

Llegando a meta
Aún aflojé porque tenía dos corredores posando, y yo quería mi momento de gloria en meta a solas, ya que podía. Eran las 17:15, había invertido 11 horas 15 minutos en llegar. No eran mis 10 horas deseadas, pero en carrera hay que saber reorientar el objetivo cuando la cosa no da más para sí. También era un cálculo un poco ambicioso, las cosas como son. Y había corrido una maratón hacía 6 días, parece mentira que se me olvide. Pero estaba feliz, muy feliz. Es lo que tenía esa distancia y ese tiempo, te fundían, pero poco. Raquel Cihuela había hecho un tiempo de 10 horas 45 minutos en año anterior, y aunque lo tuve de referencia, me había sido imposible acercarme.

Ya en meta
Pasé por el arco y me dirigí al avituallamiento. Pasé totalmente de largo por la zona de grabado de medallas, la fila era infernal (otra ventaja de la CSP, ya ves). Entré al interior del avituallamiento, a rebosar de corredores. Lo mismito que la CSP, vaya. El año pasado llegaba de noche, donde un silencio sepulcral invitaba al recogimiento; ahora era de día, hacía calor y estaba todo hasta la bandera.

Imaginaos esto, pero con gente a tope. El avituallamiento era bajo la zona con arcos
No tenía demasiada hambre, pero pillé un par de bocatas para después, y alguna lata de coca cola. Yo estaba achicharrada y sudada (como no recogí en persona el dorsal, no pude dejar bolsa en meta). Me había llevado una mochila de esas plegables encima, y ahí fui metiendo las latas y la comida, anda que no sé ni nada. Luego me entrarían de lujo. El caso es que ni me senté, a esas alturas los autobuses de vuelta a Castellón iban cada hora, y el año pasado habíamos salido a y media. No me la jugaba. Me llevé una lata Ambar triple cero para el camino, pero no me entraba, igual era por lo del triple cero.
En esto que me iba, y una voz familiar sonó a mi espalda. Era Vanessa Berdejo, mi outfit totalmente fosforito le había llamado la atención. Me alegró mucho verla, pero no me alegró no poderme parar a hablar lo que merecía. Intercambié breves impresiones con ella. Este año ella había ejercido de apoyo logístico a una amiga en la CSP, que ya había llegado, y que había hecho podio, toma ya. Vanessa corrió el año pasado la CSP, pero lleva unas cuantas ediciones a sus espaldas, su dorsal del año pasado estaba plagado de estrellitas.
Me tuve que despedir y me fui al parking de buses. Había algún corredor esperando, con uno de ellos entablé conversación, pero reconozco que no me acuerdo de su nombre. Luis, creo. O no. El bus estaba, pero no podíamos subir todavía. De hecho, eran casi las 6 de la tarde cuando arrancamos, una vez que se llenó un poco más el bus. El rato de bus era algo largo, hora y media o casi; pero entre charreta con el chaval, y que en cuanto pillé cobertura, fui mandando mensajes, se me pasó el rato. Fonsi me mandó audio para saber qué tal había ido la carrera. Raúl no daba un duro para que llegase a cenar. Paula me dijo que se le había hecho bola el tramo de bus. Le había dicho si quería volver conmigo, pero dormía en casa de la misma amiga donde había dormido el viernes.
Cerca de las 18:30, llegamos al parking de la Universidad. Menos mal que me había mandado la posición de mi coche, porque si no, no lo hubiera localizado. Estaba milagrosamente cerca. La parte de atrás de las rodillas me ardía, y es que me las había quemado, muy espabilada, sí señora. A las 18:37 montaba en el coche, y con puntualidad suiza, llegaba 3 horas después a Zaragoza, donde Raúl me esperaba con la cena a mesa puesta. Agotada, pero feliz, qué más podía pedir. El camino se me había hecho hasta entretenido, entre la música a tope y las tormentas a la altura de Teruel, que me habían mantenido en alerta.
La ducha de después me terminó por recomponer, y aunque estaba cansada por la paliza de la carrera y el coche, no estaba tan mal como hubiera esperado. Había estrenado zapatillas (quería domarlas), y, salvo un roce en el talón que derivó en ampolla “leve”, llevaba los pies hasta bien. Bueno, es posible que me despidiera de alguna uña, aunque creo que de la que me despedía ya había sido en la maratón de Zaragoza de la semana previa. Las que no acabaron muy bien fueron las gafas de sol de Oakley (de ahí la sentencia que nombraba al principio): me imagino que debido al sudor de llevarlas un buen rato a la espalda, el recubrimiento espejado acabó por desprenderse en algunas partes. He reclamado, pero ya tengo una lente de reemplazo que me compré (con dinero, chifletes).
Así finalizaba la MiM de Penyagolosa, una carrera que había terminado por conquistarme. Ya había estado hablando con Mònica Oró, que me estuvo contando de cuando Ánchel había ido ahí, y de los calores más que habituales. El caso es que esta distancia me había terminado de convencer del todo, porque, si bien es cierto que el recorrido de la CSP tiene tramos mucho más bonitos, también es verdad que los primeros 30 km ni los ves si no es por la MiM. Bueno, ni los veo yo, que a los pros les “amanece antes”, con sus ritmos les cunde más. Y la organización es simplemente espectacular, tanto a nivel de detalle de la bolsa de corredor, como calidad de los productos, avituallamientos, atención y un largo etcétera que incluye especialmente a los voluntarios, el alma de las carreras. Se nota que llevan años con la carrera y experiencia, las cosas como son. A lo mejor el recorrido no es como el Pirineo, pero para eso ya está el Pirineo. A lo mejor tenía razón Óscar, y las dos cifras eran maravillosas.
Y el “no volvía” ha tornado a un “pues igual si que vuelvo”. A lo mejor no de momento (depende del calendario del año que viene), pero está claro que es una opción que no dejaré de plantearme en el futuro. Ya le había dicho a Paula que le gustaría, y me dio la razón.
Así que, Penyagolosa, volveremos a vernos. Y un día, a lo mejor, hasta me planteo subir al pico con Raúl.
PD: Los planes posteriores a esta carrera eran un fin de semana por Burgos, aprovechando el puente de San Jorge y además un concierto de rap en la ciudad. Hubo que reorganizar el tema y cancelar la mayor parte del viaje por un ingreso de mi suegra (está bien), pero de eso se trata la vida, de adaptarse a lo que vaya surgiendo, y sobre todo dar importancia a lo que realmente importa.

Mis tiempos de paso
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