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Carreras de montaña

No sabría decir exactamente cuándo supe de esta carrera por primera vez, pero diría que una de las personas que me habló por primera vez de ella fue Xavi Moré, en el avituallamiento del Ibón de Ip, en la Canfranc – Canfranc de 2021. Me la recomendaba y me comentó que era una de sus carreras “fetiche”, que la solía hacer todos los años y que además solían ir en cuadrilla.

Le di vueltas al tema, en 2023 alcanzó para mi más notoriedad porque, tras el triste fallecimiento de Ánchel en enero de ese año, la organización de la carrera decidió poner una preciosa imagen de él en su cartel. Había sido la última gran carrera que había hecho Ánchel en 2017, había sido el último en alcanzar la ansiada meta, el farolillo rojo que se dice, y la verdad que había sido muy emotivo. Merecía ese homenaje, y ese honor, y con esa premisa, los Kalandracas, entre ellos David Sánchez, además de Patxi Robres, decidieron hacerle un homenaje corriendo la carrera bajo la iniciativa SUPXAnchel. Ahí estuvo Mónica Orò, apoyándoles y asistiéndoles en todo lo que pudo. Os pongo el enlace de la publicación de territorio Trail media:

https://www.territoriotrail.es/sweet-home-alabama-upxanchel-la-ultra-pirineu-mas-especial/

Ánchel, un beso al cielo

Alfonso Medina, que pudo ver en primera persona esta iniciativa, decidió en 2024 hacer la carrera, y nuevamente ahí estaba Mónica, al pie del cañón. Le salió un carrerón espectacular de 16 horas.

En 2022 tenía la Canfranc – Canfranc de 100 km, y aunque Xavi me volvió a animar a hacerla, al final no me atreví a apuntarme, por si no me había recuperado, y lo mismo me pasó en el 2023, y eso que ese año, al no terminar UTMB, me arrepentí bastante de no ir a la Salomon. El caso es que no veía el momento, dejé pasar 2024 (a lo que me entraron ganas, las plazas estaban agotadas), y ya no dejé pasar el momento en 2025, y una vez que lo tuve claro, me apunté a la carrera. En cuanto se lo comenté a Mónica, no dudó ni un instante en acompañarme, y se puso a organizar el tema del alojamiento. En plena vorágine de médicos con mi padre y de trabajo creciente (y lo que te rondaré, morena), su ayuda resultó ser más que necesaria.

Octubre parece una fecha muy lejana en el tiempo, pero el caso es que el tiempo pasa que no te das ni cuenta, y a lo que me quise percatar, se había pasado Eunmilak, se había pasado el viaje del verano, había llegado la ultra de Tena, y en fase de recuperación, me tocaba poner el foco en la Salomon, un broche que podía ser precioso para una temporada espectacular (no fue la última carrera del año, pero sí de las largas).

Reconozco que iba bastante tranquila con la carrera, Xavi ya me había hablado del recorrido, la consideraba una carrera “sencilla” comparada con otras ultras del Pirineo, más llevadera de tiempos. Él la había corrido con Elena Orozco, a la que ambos conocimos en la Canfranc, en 2022, y habían hecho un tiempazo de 21 horas y media. Mónica también me había descrito el recorrido (algunas de sus descripciones me ayudarán a documentar mejor esta crónica), puesto que las veces que había ido de acompañante, había hecho caminatas por el entorno, además de ser una enamorada de la zona. Y bueno, explorando a golpe de gpx studio, la sensación que me daba era de que se podía correr en algunos tramos, firmaba por un tiempo entre 22 y 23 horas.

Y ya llegó la semana previa. Mónica me preguntaba qué llevarme en la asistencia (uno de los puntos admitía asistencia personal), y yo reconozco que, por no molestar, no quería molestarla a ella, y no estaba entendiendo que precisamente me acompañaba para eso, para brindarme su ayuda desinteresada, así que, si alguien os la ofrece con el corazón en la mano, no la rechacéis, porque es un acto desde el cariño. Yo es que estoy poco acostumbrada, porque suelo ir en solitario, y soy muy Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como. Al final, mi idea era cambiarme de lo justo, pero sí que decidí llevarme ropa de recambio por si acaso, aunque los pronósticos de tiempo eran buenos (no recuerdo si daban algún ligero chubasco, pero en principio la lluvia no iba a hacer acto de presencia). Mi vecina Estelita Callejero me dejó un saco de dormir, uno tipo poncho de Karpos, ya que yo no tenía saco y lo iba a necesitar para dormir en el camping, además de una esterilla para el suelo.

No tenía muy claro si podría cogerme el día entero de vacaciones (el viernes 3 de octubre), porque necesitábamos salir temprano, ya que el viaje llevaba como poco tres horas, pero por cuestiones de horas de más, y por tema de vacaciones no gastadas, pude coger ese día completo, y menos mal. Yo ya tenía todo preparado al milímetro, y Mónica se encargó, por su parte, de preparar en su coche todo lo necesario, dormíamos en el camping que había a las afueras de Bagà.

Mónica pasó por casa y ya nos dirigimos con la calma a Bagà. Entramos al camping Bastareny, comimos en el restaurante del mismo, y estuvimos charrando con la dueña, amiga de Mónica. Después, nos pusimos a preparar las tiendas de campaña. Ella dormiría en una cabaña canadiense, “vintage”, y yo en una nueva, que ya había visto alguna escapada. Mientras clavaba estacas para fijar las cuerdas en nuestra pequeña parcela, Mónica rememoraba viajes con Ánchel, así como viajes planeados que por desgracia no pudieron ver la luz. Le brillaban los ojos de la emoción, y no era para menos.

Imagen satélite del camping

Alojamiento de 5 estrellas

A mí me dolía cada vez más la cabeza, y bajamos al centro, con el coche, para ir a por el dorsal y echar un vistazo a la feria del corredor. Cogí mi dorsal, mi camiseta, y mi bolsa de vida, que era una espectacular mochila negra de loneta impermeable, de las mejores que me han dado en carrera. Yo no podía más, me iba a reventar la cabeza, así que nos dimos una vuelta por la feria, y pillé ibuprofeno en una farmacia. Mónica me dijo que tenía que comprar una cajita pequeña en el chino, pero no desvelaba el misterio de para qué era.

La feria, a lo largo de una calle, estaba muy bien, con productos de distintas marcas. No lo pude evitar y acabé picando unos calcetines de Otso, además de unas mallas de Hanker, de un amarillo/verde fosforito indescriptible de los de perderse por el monte. Nos acercamos al arco de salida, hicimos alguna foto, vimos parte de la presentación de los pros, y creo recordar que llegué a escuchar a Núria Picas, que le entrevistaban de cara a la carrera. Jordi Besora, con quien había coincidido en la TrailCat de ese año, estaba por la feria (pero no lo llegué a ver), pero, tal y como le dije por WhatsApp, tenía la cabeza como un bombo y tenía que plegar, no podía ni con la copla. Él también corría la carrera, pero había recogido el dorsal con antelación (se podía recoger en una tienda Salomon de Barcelona).

Arco de meta que esperaba cruzar en unas cuantas horas

El caso es que enseguida nos marchamos al camping. Quedaban pocas horas para el anochecer, y cuando anocheció, ya estábamos en torno a la mesa junto a nuestros chalets de lujo, cenando algo y riendo de tontadas. Ahí Mónica me hizo un pequeño regalo (por eso la cajita que buscaba), un llavero con un recordatorio de “lo fuerte que era”. Me emocionó. Y sin alargar mucho la velada, decidí alejarme a mis aposentos, para tratar de estar dormida sobre las 10 de la noche, ya que a las 4 como poco tenía que levantarme. En esto que estaba medio soñando, medio durmiendo, vibró el teléfono, pensaba que era el despertador y colgué, pero era Xavi, que me llamaba para darme ánimos. Volvía a correr la carrera, pero esta vez en calidad de acompañante, su cuñada la corría por primera vez.

Dormí más o menos, cuando me toca madrugar suelo despertarme de cuando en cuando, ya que me entra la paranoia de quedarme dormida. Así que bueno, descansé, sí, pero de aquellas maneras, el cuerpo estaba en alerta. Sobre las 4 o así ya me desperté, y con todos mis bártulos me dirigí a los baños para cambiarme. Ahí ya había una corredora (o acompañante, no estaba segura), atusándose una coleta frondosa que me producía envidia profunda. Iba de corto y no pude evitar hacer agravios comparativos: con semejantes patas de gacela, ¿a dónde iba yo?

Me cambié, me preparé las trenzas, y fui a tomar un café que había dejado preparado Mónica. Se levantó a mi par, yo es que era incapaz de comer nada, ya llevo tiempos y tiempos en los que salgo en ayunas para evitar visitas inesperadas al señor roca, y ya me espero a estar en carrera para poder encontrarme mejor y que me siente mejor la comida, una vez que se me templa el estómago. Con buen criterio, decidimos ir andando a la salida, que no estaba muy lejos (km y medio tenían la culpa). Ir en coche era un error y probablemente ni podría aparcar. Mónica me explicaba que en el recorrido se pasaba por el camping, aunque intuía que a las horas que yo iba a pasar, no habría ni un alma (no iba desencaminada).

Un reguero de corredores se dirigía a la salida, que era a las 5:30 de la mañana. Un sinfín de colores estrambóticos, zapatillas de variopintas marcas, y mucha pata negra. Una vez que llegamos al acceso, ya entré al control de material. Me dio un microsusto cuando vi que no había colgado en mi mochila el chip de control (llevaba solo el chip de mi dorsal), no me había dado cuenta de que estaba dentro del sobre que me habían dado en la feria del corredor. Hablé con alguien de la organización, me dijo que no me preocupase. Me metí en medio del meollo, sin conocer a nadie, queriendo conversar, pero sin saber con quién. Interceptaba conversaciones fugaces, hice alguna foto (llevaba el móvil a mano) y ya me concentré totalmente. La temperatura pintaba bien, aunque llevaba un cortavientos/chubasquero para las primeras horas del día.

Tramos de carrera y puntos de corte iniciales

Depa Runner era speaker de lujo, antes de los acordes de “El último mohicano”, dedicó unas palabras en pro de la paz, condenando el genocidio en Gaza. Nos animó, y finalmente, nos dio la salida. 

Ready to go

Comenzamos a caminar por la plaza, en ese momento no se podía correr, pero no había prisa. Por delante teníamos 102,5 km, la cifra había superado ese número mágico de los 100 km por una pequeña modificación del recorrido. Uno de los avituallamientos se había desplazado debido a unas obras.

En rojo, recorrido original, y en azul, recorrido ligeramente modificado

En concreto, el avituallamiento pasaba de estar en el Refugio Niu de l’Àliga, km 16 más o menos, a otro edificio a 2 km, la Telecabina de La Molina, debido a las obras del refugio. A partir de ese punto, nos proporcionaban 15 minutos adicionales en los sucesivos puntos de corte.

Detalle del cambio de recorrido: en azul el nuevo trazado.

Antiguo avituallamiento

Nuevo avituallamiento

En mi cabeza yo llevaba la cifra de Xavi y Elena, 21 horas y media. Veía complicado hacer ese tiempo, pero firmaba por 22 horas y media, pero esas cosas pueden cambiar mucho en carrera. Bueno, tenía tiempo de sobra para ir averiguándolo. Lo que sí que es verdad es que tenía cierta “confianza” en la distancia, no por ir sobrada ni mucho menos, pero como que con el tiempo ya le tienes pillado el tranquillo a la distancia, y ya sabes un poco cómo dosificarte y sobrevivir al intento. También eres consciente de que la cosa se puede torcer… y no pasa nada.

Una vez que se abrió el camino, empezamos a correr. Aplausos de la gente, fotografías, flashes, me dejé envolver por la marabunta y me emocioné un poco. No tardamos mucho en salir del pueblo y comenzar a corretear por los caminos a oscuras, aún quedaba un rato para que amaneciera.

Los primeros pasos nos llevaron por el Camino del Santuario de Paller. Estos pasos son siempre para entonarme un poco. En este caso, las características permitían trotar, así que aproveché, pero sin quemarme. De ese camino pasamos al GR150, las características del terreno eran buenas. Después pasamos a serpentear entre árboles.

Primeros pasos

Cruzamos la carretera de Coll de Pal, y seguimos en progresivo ascenso, con algún descenso. Mónica ya me había dicho que el terreno me iba a parecer como una alfombra, y no le faltaba razón.

Primer avituallamiento, refugio de Rebost

Alcancé el refugio de Rebost (km 10) a las 7:18, todavía era de noche. El corte horario estaba establecido a las 8:00. Habíamos ascendido 1081 metros, descendido algo más de 200. Recuerdo las mesas iluminadas por los focos, el avituallamiento estaba en el exterior, a lo largo de un murete de piedra. Lo que no recuerdo a ciencia cierta es si vi a Bernal, el amigo de Fonsi, en este avituallamiento (con quien coincidí en UTMB y quien me hizo una medalla post carrera con una impresora 3D). Lo que sí os adelanto es que lo vi, así que os hago spoiler. Yo seguía llevando el cortavientos, aunque la temperatura no era mala. Bebí algo y empecé a comer, probablemente chocolate y algún sándwich de nocilla. No me demoré mucho y retomé el camino. No amanecería oficialmente hasta las 7:52.

El refugio de Rebost de día, imagen de la web

El camino siguió hacia arriba (teníamos que subir otros 1000 metros hasta el avituallamiento). Se alternaban zonas arboladas con explanadas de césped de un verde intenso que se empezaba a vislumbrar con las primeras luces del día. Poco después de salir de este punto, y con las primeras luces, oí una voz familiar, la de Bernat, al que no había visto desde la UTMB de 2024. Avanzaba rápido e iba muy bien.

En un momento dado, me paré, me quité el cortavientos, lo guardé, y también el frontal, que no usaría hasta unas cuantas horas después, y saqué las gafas de sol, que intuía que iba a necesitar. Seguí hacia arriba, mientras me plasmaban en una foto:

Fotografía de la organización

Con todas las luces, el impresionante Parque Natural del Cadí-Moixeró se descubría ante mí. No pude evitarlo, tuve que plasmar lo que veía. No tardaría mucho en tener la gran sorpresa del día: a lo lejos, una chica me saludaba y chillaba mi nombre, no me costó demasiado reconocerla. Era Elsa, la chica canaria afincada en Lérida, cuyo seguimiento en el Tor des Géants (TORX) había hecho apenas hace 15 días. Nos conocemos de redes (hemos coincidido en el espacio – tiempo de la Canfranc – Canfranc del 2022, pero no nos conocíamos entonces), pero nunca nos habíamos encontrado cara a cara. Mientras me reía y la llamaba Torxpeda (terminó los 330 km de la carrera), nos fundimos en un abrazo de pura felicidad. Era una alegría mayúscula, digamos que somos muy fans la una de la otra. Me contó que estaba en modo recuperación, y que le estaba haciendo el seguimiento a unos colegas.

Ya está amaneciendo, la noche se va (foto mía)

Con este chute de felicidad, seguí hacia el avituallamiento, que alcancé a las 8:54 de la mañana. Eso sí, me vine arriba, troté más rápido de la cuenta en un camino de tierra antes de alcanzar el avituallamiento, y oh sorpresa, acabé en el suelo. Sería la única caída en carrera, afortunadamente. El sol ya daba de lo lindo, hacía una temperatura espectacular.

Pasé al interior del avituallamiento, estaba medio a cubierto. Un sinfín de corredores daban buena cuenta de la comida, yo recurrí a la habitual nocilla, que tan bien me sienta. Bernat estaba por ahí (luego me pasaría y ya no lo volvería a ver), y al que no había visto aún era a Jordi, tampoco a Xavi (que ya me había dicho que iba a ir tranquilo con su cuñada). Era el km 16,9, y el corte horario estaba establecido a las 10:15 (con esos 15 minutos extra que comentaba). Todavía no me había despegado demasiado de la hora de corte, aunque imaginé que eso podría mejorar. El cierre de meta era a las 8:15 de la mañana del domingo, quedaba tiempo, desde luego. Juraría que parte del tramo que tenía a continuación correspondía a la subida a la Tosa d’Alp de la que me había hablado Mónica, pero juro que estoy pez con las denominaciones de los tramos.

Emprendí la subida por una especie de pista dando buena cuenta de un sándwich de nocilla que me pringó la mano entera. Teníamos unos 500 metros de subida, pero el tramo que enfrentaba era mayormente de bajada (1566 metros). Combinaba tramos despejados, con algunos arbolados. Parte era el conocido como Cavalls de Vents, o eso me dice el Google Maps.

El siguiente avituallamiento estaba ubicado en Serrat de les Esposes (33,1 km), el cual alcancé a las 11:55. El corte horario era las 13:45 (con esos 15 minutos adicionales), lo cual era bueno, algo más había ganado de colchón horario. La parada fue breve, apenas 4 minutos para lo justo. Me encontraba bien, en líneas generales.

Serrat de les Esposes, imagen de la web

Avituallamiento de Serrat de Les Esposes

Tramo de descenso hasta Serrat de Les Esposes

Seguí trotando, el día acompañaba, e incluso en momentos dados me pude bajar los manguitos. El siguiente avituallamiento estaba relativamente cerca, a unos 5 km. Aquí viene algo que no me termina de cuadrar. Según mis tiempos de paso, alcancé Coll de Pendis (40,2 km) a las 13:29 (hora de corte 14:45). Pero la captura de la pantalla no me cuadra, porque no me paré, aparentemente (salvo que hubiese puesto un control manual, y ahora no me esté acordando):

Según la hora de paso, este sería el avituallamiento

Sin embargo, a mí me cuadra mucho más haber pasado por el avituallamiento sobre las 13:00, una hora después del anterior (que es lo que probablemente me costó correr esos 5 km). La captura de pantalla muestra el Refugio Cortals de l'Ingla, donde me paré un rato:

Avituallamiento de Refugi Cortals de l'Ingla

Me acuerdo de este avituallamiento por varias razones. La primera es que había bastante comida, para ser un avituallamiento pequeño, al aire libre, a la sombra de una lona. Había pasta, y muchos corredores aprovecharon la hora para sentarse en la ladera de hierba y descansar un poco. Los voluntarios me animaban, y yo comentaba, entre risas, que eso era una maravilla al lado de las piedras de algunas de las carreras que había hecho. Y, sorpresivamente, ahí había un voluntario que me conocía de sobra: había estado en el cierre de meta de la Ultra de Tena, me había hecho una foto y, además, como le explicó a otra voluntaria, me habían dado por buena la carrera debido a que había ayudado a Antonio, el chaval murciano. Le volví a dar las gracias, ese tipo de gestos se agradecen. Sin embargo, en esta carrera, pintaba que mi margen de tiempo iba a ser mayor, afortunadamente.

En definitiva, que no termino de ubicar ese avituallamiento, lo mismo se “trasladó”, y por eso cubrí al final algo más de distancia de lo esperado.

Tenía 11,5 km hasta el siguiente avituallamiento, con unos 1000 m de subida y unos 600 de bajada. No se me hizo especialmente pesado, a pesar del desnivel. La sensación era de un terreno ondulante, entre praderas, pedreras muy suaves, árboles… Y poco a poco sumé km hasta llegar al avituallamiento de Prat d’Aguilo (49,7 km) a las 15:41. El corte horario era a las 17:45, y esas dos horas de menos eran un balón de oxígeno. La parte final era en bajada, y el avituallamiento se antojaba como un oasis en medio de un paisaje espectacular.

Avituallamiento de Prat d’Aguilo

Bajando hacia el avituallamiento, imagen de la organización

El avituallamiento estaba bajo una carpa enorme, alargada, situada junto al refugio, y las vistas del entorno eran espectaculares. Pasé al interior y fui a lo de siempre, a por los sándwiches de nocilla. Algún corredor paraba algo más y se sentaba en la hierba. Yo no estuve demasiado tiempo, porque la verdad que no había parado de comer desde que había salido. Abandoné el avituallamiento por donde había entrado, pero tirando hacia arriba, lo que venía era una subida potente, en la que dosifiqué un poco. Creo que es lo que Mónica me dijo que se llamaba Pas de Gosolans. Mientras subía, eché la vista atrás y vi que un helicóptero hacia acto de presencia, quizá para llevarse a algún participante malherido (no llegué a verlo). El tramo hasta Gósol era de 13,4 km, con 569 m de subida y 1148 m de bajada, mayormente.

Abandonando el avituallamiento, se ve un helicóptero aterrizando (foto mía)

A mitad de subida, me empezó a sonar el móvil. Tengo una melodía de “El juego del calamar” (si habéis visto la serie, es la del juego del tiovivo), así que se deja oír. Lo cogí, era mi padre, me preguntaba si estaba bien, que qué me había pasado, y que no pasaba nada, que lo había intentado. Me quedé a cuadros. ¿Pero qué había pasado? Pues resulta que en la aplicación salía un “Withdrawn” como un piano de grande. Mi padre me había mandado mensajes, pero como la cobertura ni se la ve, ni se la espera, aunque llevaba los datos móviles activados, yo no me había coscado de nada. Estaba confusa, había entrado en tiempo de sobra, ¿acaso había salido por donde no debía? En paralelo, me escribía Mónica, que estaba deseosa de verme en la Bolsa de Vida de Gósol. Hasta Elsa me había escrito. Le escribí a Mónica como pude, mandé un audio, y le dije que por una razón que no entendía, aparecía como retirada. Ya guardé el móvil, y seguí subiendo. En la parte más alta había un control con voluntarios, y les dije que salía como retirada, pero que era evidente que seguía en carrera. Por razones obvias, se me estaba estomacando la subida, y pasó a ser la que más recordé de toda la carrera.

Una vez que subí la cuesta, me tocaba bajar de manera progresiva, poco a poco fui atravesando zonas boscosas, quedaba muy poco para alcanzar el pueblo. Conforme llegaba a Gósol (63,1 km) a las 17:54, apareció Mónica a mi encuentro, yo iba atropellada, después del error de haberme marcado como retirada. Y me explicó que había sido un error de comprensión auditiva en catalán: decir un sesenta o un setenta, que en catalán se puede confundir. Esto es, que mi dorsal era el 872, pero el retirado realmente era el 862 (setanta/seixanta), y al decirlo por el Walkie, entendieron mal. Pero que no me preocupase, que lo subsanaban y evidentemente seguía en carrera. Llegué a la entrada de la carpa del avituallamiento, donde podía disponer de mi mochila de vida. Me fui a un lateral, y mientras tanto, Mónica se encargó de llevarme algo sólido, macarrones, que no me caería mal en el estómago. Únicamente hice cambio de calcetines, y mantuve el resto de la equipación. Estuvimos charrando un rato, intercambié impresiones del recorrido, y aproveché para cargar la batería del reloj (no me haría falta mucho más para aguantar la carrera completa). Con la calma, se me fue una hora en el avituallamiento, pero es que me quedaba por delante que se me hiciese de noche, y la noche en sí, y sabía que eso se podía hacer un poco bola.

Avituallamiento de Gósol

Ya conforme me iba, justo me crucé con Xavi y su cuñada. Yo tenía en mente el tiempo de paso de Xavi de la carrera que compartió con Elena, y me estaba yendo como poco una hora o más, pero me dijo que me veía bien, que seguro que en unas 22 horas y media o 23 me la ventilaba. Ellos se iban a retirar, pero desde luego que lo había hecho fenomenal su cuñada, que, si mal no recuerdo, era la primera vez que hacía esa carrera.

Saliendo de Gósol

Salía de Gosol a las 18:56, y ya me despedí de Mónica, no nos veríamos hasta unas cuantas horas después en meta. Era el km 63,2, así que me quedaba una maratón, así en números redondos. El corte horario de este avituallamiento estaba establecido a las 21:15, hubiera podido reducir algo mi tiempo de paso, pero media hora más tampoco es que me mejorara mucho el pronóstico.

Últimas luces del día, foto mía

Empecé a corretear con paso decidido hacia Estasen, había un tramo inicial entre arbustos y matorrales. En mi cabeza, lo que quería era llegar de día a Estasen, aunque la cosa iría justa (y probablemente me tocase sacar el frontal). Las gafas de sol no las había guardado en el avituallamiento, las guardaría un poco más adelante, pero básicamente no lo hice porque no era consciente de que quedaba como media hora para el anochecer. Me quise parar a mear entre los matorrales, pero como oía a gente por el camino, no veía el momento. Hasta el avituallamiento tenía 8,9 km, con 565 m de subida y 324 de bajada. Primero se bajada un poco, y posteriormente, se subía. Pedraforca quedaba a mi izquierda, y sin saberlo, estaba atravesando dos provincias: de Lérida a Barcelona. Conforme me iba quedando sin luz, escuché música a mano derecha, la asocié al avituallamiento, pero era de otro avituallamiento (lo averiguaría después). Aceleré un poco el paso, con la idea de llegar sin tocar frontal, pero fue imposible. Los últimos metros me tocó pisar algo de barro. Tenía a corredores a mis espaldas y me agobiaba un poco.

Desde Gósol hasta Estasen

Estasen, km 72, apareció ante mí a las 20:49. De noche cerrada, se antojaban las tantas de la noche. Una de las voluntarias me ofreció caldo, pero reconozco que empezaba a tener cierto revoltijo de tripas, había comido bastante. El refugio no se veía, y el avituallamiento estaba en unas mesas en el exterior. El corte horario era a las 23:30 (23:45 con los 15 minutos de cortesía de los 2 km extra). Esto me hizo pensar que los cortes previos eran algo más ajustados, y que, a partir de ahí, la organización abría más la mano con los cortes, ya que, sin hacerlo especialmente bien, había ganado algo más de tiempo.

Avituallamiento de Estasen de noche

Refugio de Estasen de día, foto de la web

Igual suena exagerado, pero diría que, para mí, era el comienzo de la parte más dura de la carrera, y era lo más oscuro de la noche, ya no vería la luz del día en carrera. Las noches de otoño son muy noche, y muy largas, y la sensación psicológica es realmente agotadora. No veníamos de una primera noche en vela, pero esas noches pesaban como dos. Llevaba buen arsenal de geles de cafeína para eso. Porque, además, en mi caso, probablemente la iba a pasar entera, o casi, no es como los pros o los buenos, que la segunda noche están en los brazos de Morfeo en una cama, acurrucados. Abandoné el avituallamiento, había un brevísimo tramo de pista, había coches porque algunos corredores se retiraban en ese punto, de hecho, la inercia me llevaba por la pista, pero la carrera se metía de lleno en una bajada infernal.

La noche se juntó con el que sin duda era para mí el peor tramo de toda la carrera, y que se me quedaría grabado a fuego: 3,7 km de pura bajada (500 m) en un tramo de piedras, ramas y bosque cerrado, de esos que te parece que estás dando vueltas en círculos, no avanzas nada. Más en mi caso, “Miss Bajada Internacional” y con unos pies que apenas levantaban el suelo, tropezándose con todas las mínimas protuberancias del terreno. Desde luego que se me quedó en el recuerdo. Algunos corredores me alcanzaban, no era para menos.

Tras lo que pareció una eternidad, como una hora después, empecé a oír música, música de los 90, por cierto. Se oían voces y se veían luces, así que me di cuenta de que lo que había oído camino de Estasen era realmente este avituallamiento. Era el Refugio de Gresolet, y eran las 22:00. Este tiempo no consta en los tiempos de paso, ni tampoco era un punto de corte, pero bienvenido era, lo que agradecí ese refugio.

Avituallamiento de Refugio de Gresolet

Refugio de Gresolet de día, totalmente cambiado, foto de la web

En este avituallamiento me paré, nuevamente. Los corredores ya teníamos pinta de pelín trasnochados (yo también, por supuesto), y Morfeo me empezó a hacer cosquillas en la nariz. Tocaba ir tirando de geles. Llevaba en pie desde las 4 de la mañana, como para que no me picasen los ojos.

Hasta el siguiente avituallamiento debía recorrer unos 10 km, con 513 m de subida y 813 de bajada. Si os digo que no me acuerdo de nada, no os miento. Metida en lo más oscuro de la noche, el paisaje perdía toda su belleza, aunque se intuía. Pasaba por territorio Cavalls de Vent, GR 107, primero subida, luego una pequeña bajada, otra subida y una larga bajada hasta Cal Cerdanyola, el avituallamiento denominado Aula Natura:

Avituallamiento de Aula Natura

Era el km 85,9 y las 00:25. El avituallamiento estaba al fondo, donde había una especie de mesas con una zona con toldos (en la foto diurna se ve lo que es). 

Aula Natura de día, foto de la web

Los cuadros eran dantescos a estas horas, había corredores que se retiraban en ese punto. Mi reloj marcaba cerca de 90 km, y mi cabeza, con esos 10 restantes, que realmente eran más, ni se planteaba abandonar. Los pies eran lo que estaba más machacado, pero las sensaciones no eran malas. Tenía algo de soñera, eso es verdad, pero me había ido enchufando barritas de Glucobar y geles de cafeína. Me senté mínimamente, y me quité alguna piedra en las zapatillas. No me entretuve demasiado, estaba ya ansiosa por llegar a meta. El corte horario en este punto estaba establecido de manera original a las 03:30, 03:45 con los 15 minutos de más. Estaba 3 horas por encima del corte horario, e intuía que no mejoraría la cosa, si acaso empeoraría, aunque, francamente, no me paré mucho en hacer cuentas mentales. La verdad que intuía bien.

Refugio Vents del Cadí, por el que se pasaba tras dejar el avituallamiento

Para alcanzar el siguiente punto de control tenía que recorrer 4,2 km y ascender 672 metros. Si bien es cierto que no recuerdo mucho, Mónica me había descrito parte del recorrido. De hecho, la voy a parafrasear: “ojo ahí, empieza por una preciosa senda de GR que va subiendo sus casi 5 km hasta el refugio de Sant Jordi, cruzando a su vez el río que de bajo caudal, vas por encima de piedras e incluso en la parte más superior una trepadilla de las sencillas en rocas de río de canto redondo”. Pues eso, ni más ni menos, fue este tramo. De día seguro que estaba bonico, de noche, todos los gatos son partos. Llegué al refugio de Sant Jordi (90,5 km) a las 02:09 de la madrugada. Aquí como tal no había corte horario, pero como mucho debía llegar a meta a las 08:15 de la madrugada, malo sería que en 6 horas no fuese capaz de llegar. Estaba hecho, o casi hecho. Por este avituallamiento pasé bastante rápido.

Zona de Els Empedrats, subiendo hacia el refugio

Refugio Sant Jordi, gpx studio

Refugio de Sant Jordi de día, foto de la web

Ya sólo me separaban de la meta unos 12 km, con 374 de subida, pero mayormente bajada, 1154 m. Fue en esa subida donde me senté en una piedra para sacar un gel de Glucobar, y me dio por leer la composición: tenía cafeína. No sabía si todas las que me había ido comiendo en las últimas horas, pero esa desde luego que sí:

Dame veneno, que quiero morir

Con este subidón, y la certeza absoluta que me había pasado de frenada con la cafeína, seguí correteando hacia meta. Había algún tramo con algo de barro, pero había mucha pista, y en un momento dado, salí a la carretera Coll de Pal. Me quedé loca. Sabéis que, normalmente, en todas estas carreras dan unos porcentajes de sendero, pista, asfalto, ¿no?. La Salomon tenía estipulado un 5% de asfalto. Yo ni me había parado a echar cuentas, normalmente el único asfalto que se pisa es a la salida y a la llegada, además de algún pueblo por el que pasas. Pero ahí tenía toda una carretera por delante. Me resultaba hasta confuso, porque confundía banderines con los propios reflectantes de la carretera, sumergida en la más absoluta oscuridad, y, afortunadamente, libre de coches. El tramo no era muy largo, apenas 2 km, serían sobre las 4 de la madrugada. Lo malo de pisar asfalto es que me creía que quedaba muy poco, pero no era el caso.

Pisando asfalto

Abandoné el asfalto, me volví a meter por caminos, y en un momento dado, pasé por el camping Bastareny, donde reinaba el más absoluto de los silencios. Pasé de puntillas, como quien dice, y seguí corriendo. Sabía que la meta estaba cerca, pero también sabía que no me iban a meter por la carretera, sino por un camino lateral que ya me había enseñado Mónica el día anterior.

Pasando por el camping a las tantas de la noche

Dejé el asfalto que me hubiera llevado directamente a Bagà, y por el que había caminado con Mónica, y me metí en un sendero lateral que mayormente rodeada al pueblo, una especie de circunvalación por la Vía del Nicolau. Con las luces del pueblo, que se antojaban lejanas, a mi me entraba el desespero, no iba a llegar nunca.

Rodeo hasta meta

En este camino perdí posiciones, había corredores que me daban alcance, trotando mucho más ligero. Yo por quien más apuro sentía era por Mónica, lo que más me hubiera gustado era haberle ahorrado alguna hora de espera. Pero seguí y seguí, hasta que por fin alcancé las calles del pueblo. Me puse a trotar cuesta arriba, mientras algunas personas (pocas, por las horas) animaban en la calle. Y ahí estaba ella, incombustible. Mónica salió a mi encuentro, y me siguió hasta meta, dejándome disfrutar de ese gran momento.

Finalmente, crucé el arco de meta de Bagà a las 04:59, era el km 102,5 y había invertido 23 horas, 29 minutos y 18 segundos para ello.

En meta, feliz, foto de la organización

Me pusieron la medalla, Mónica me dio un abrazo, comí poquísimo, y ya nos fuimos juntas hasta el coche. Me dolía el alma entera. En el camping dejé mis cosas (Mónica me dijo que me había dejado la mosquitera abierta por la mañana, y que había entrado un millón de bichitos, que sacó como pudo), y ya me fui a las duchas, Mónica me acompañó por si me daba un vahído. No supe, hasta que pude mirar el móvil, que Jordi había abandonado en Estasen. No lo había visto porque había ido pasando por los puntos de control un poco después de mí.

Ya duchada y algo renovada, me metí a la tienda y en el saco a tratar de dormir. Y digo tratar de dormir porque, con el chute de cafeína que me había ido metiendo sin querer, yo parecía más una lechuza en alerta que alguien que se había arreado una ultra. Algo debí de dormir, pero entre poco y nada, y sobre todo moviéndome y escuchando cualquier sonido que se emitiese a mi alrededor. Juraría que mi Garmin no registra ni sueño.

Llegó un momento en el que ya que me levanté, y con una modorra considerable, desayuné con Mónica, para recuperar fuerzas. La idea era salir con la calma, más o menos a mediodía. Elsa me escribió, aún estaba en la zona y dijo de verme, y yo, encantada, le dije que se acercase. Vino un rato, charramos, intercambiamos anécdotas de nuestras respectivas carreras, y hasta hablamos de marcas (Karpos). Y me regaló una camiseta de la Ultra de Pallars, una carrera que se había hecho en Tremp, Lérida, en mayo de ese año. Me encantó el detalle.

Ya se marchó, y Mónica y yo estuvimos recogiendo los bártulos. La caravana de al lado, después de estar anclada ahí desde los tiempos del Jurásico, abandonaba el lugar, y sacarla de ahí fue todo un poema, arrastrando casi a su paso a un señor que daba indicaciones (a punto estuvimos de presenciar un momento de “s’a matao Paco”).

Y ya tranquilamente, salimos de ahí. En casa hice lo justo, estaba “molt” cansada, al día siguiente tocaba currar. Me recuperé poco a poco, el sueño me costó recuperarlo más, mientras asimilaba un fin de semana cargado de emociones. Emociones mayúsculas, y en gran medida, gracias a Mónica.

Por fin ponía cara a esta carrera. Es una carrera espectacular, de principio a fin. Unos paisajes preciosos, y la dificultad técnica precisa para que no se atragante demasiado. Avituallamientos bien surtidos, y un trato al corredor genial. Es una carrera a la que le tenía muchas ganas, y que ojalá hubiera corrido antes. Pero además vivía una carrera arropada hasta límites insospechados, yo no estoy acostumbrada a que me avituallen personalmente, y es que Mónica, que tiene un corazón que no le cabe en el pecho, me dio todo su cariño, y sobre todo hizo fácil lo difícil. No puedo más que darle las GRACIAS, por todo lo que me ayudó y por todo lo que me sigue ayudante.

Mi vecina Estela me sacó del apuro con el saco, y conocer a Elsa en persona fue un puntazo mayúsculo. Hay muy buena gente por ahí, de verdad que la hay...

Esta crónica ha tardado más de lo que hubiese querido en ver la luz. Y es que, desde octubre, me veo sumergida en una vorágine laboral que me quita las ganas de enganchar el ordenador por las tardes. Pero por fin, después de varios meses, plasmo por escrito todo lo vivido, y ya con el foco puesto en la primera “ultra” de la temporada, la MiM de Penyagolosa, el próximo 18 de abril. Cosas de la vida, aunque terminé la CSP diciendo que “no volvía” (me había dado la sensación de no haber parado de correr en 22 horas), el poso que fue dejando con el tiempo mejoró considerablemente, y conforme escribía su crónica, me di cuenta de que quería volver, pero a hacer el recorrido de la MiM, que comparte los km iniciales de la ultra, pero luego va por otros derroteros. 

Reconozco que tuve dudas, y de primeras me planteé ir a la Backyard Loop que se organiza en Alcañiz, en memoria de Rafa Esteruelas (un beso inmenso al cielo), pero las plazas salían cuando yo estaba en Taiwán de vacaciones, y no tenía muy claro si, por diferencia horaria, o uso de tarjeta en una web desde el extranjero, sería capaz de apuntarme. Así que decidí echar en paralelo “papeleta” para la MiM. Las plazas van por sorteo, y me tocó, así que, allá que voy.

Gracias, por leerme, siempre.

Tiempos de paso

 

Km tramo

Punto de control

Clasificación

Paso

Tiempo

Velocidad

Desnivel

 

0 km

Baga

 

sáb. 05:30

0:00:00

 

0 m+

10 km

10 km

Rebost

Altitud 1630 m

688

58

sáb. 07:18

1:48:17

5.5 km/h

Velocidad de esfuerzo 11.8 km/h

1068 m+

Desde el último punto

1068 m+ 231 m-

6.9 km

16.9 km

Niu (Intermitja)

Altitud 2338 m

743 (-55)

63 (-5)

sáb. 08:54

3:24:00

Tiempo de tramo

1:35:43

4.3 km/h

Velocidad de esfuerzo 10.5 km/h

1975 m+

Desde el último punto

907 m+ 199 m-

16.3 km

33.1 km

Serrat de les Esposes

Altitud 1508 m

838 (-95)

70 (-7)

sáb. 11:55

Tiempo de descanso

0:03:54

6:25:51

Tiempo de tramo

3:01:51

5.4 km/h

Velocidad de esfuerzo 8.6 km/h

2597 m+

Desde el último punto

622 m+ 1452 m-

7.1 km

40.2 km

Coll de Pendis

Altitud 1780 m

794 (+44)

69 (+1)

sáb. 13:29

7:59:55

Tiempo de tramo

1:34:04

4.5 km/h

Velocidad de esfuerzo 7.9 km/h

3078 m+

Desde el último punto

481 m+ 209 m-

9.5 km

49.7 km

Prat d'Aguilo

Altitud 1999 m

802 (-8)

72 (-3)

sáb. 15:41

Tiempo de descanso

0:05:06

10:11:25

Tiempo de tramo

2:11:30

4.3 km/h

Velocidad de esfuerzo 8.3 km/h

3804 m+

Desde el último punto

726 m+ 507 m-

13.4 km

63.1 km

Gosol entrada

Altitud 1427 m

690 (+112)

59 (+13)

sáb. 17:54

Tiempo de descanso

1:01:43

12:24:54

Tiempo de tramo

2:13:29

6 km/h

Velocidad de esfuerzo 9.5 km/h

4313 m+

Desde el último punto

509 m+ 1081 m-

0 km

63.2 km

Gosol sortida

Altitud 1427 m

763 (-73)

72 (-13)

sáb. 18:56

13:26:37

Tiempo de tramo

1:01:43

0 km/h

Velocidad de esfuerzo 0 km/h

4313 m+

Desde el último punto

0 m+ 0 m-

8.9 km

72 km

Estasen

Altitud 1670 m

693 (+70)

62 (+10)

sáb. 20:49

15:19:19

Tiempo de tramo

1:52:42

4.7 km/h

Velocidad de esfuerzo 7.7 km/h

4815 m+

Desde el último punto

502 m+ 259 m-

13.9 km

85.9 km

Aula Natura

Altitud 914 m

657 (+36)

57 (+5)

dom. 0:25

Tiempo de descanso

0:05:19

18:55:41

Tiempo de tramo

3:36:22

3.9 km/h

Velocidad de esfuerzo 6.5 km/h

5413 m+

Desde el último punto

598 m+ 1354 m-

4.6 km

90.5 km

Sant Jordi

Altitud 1564 m

641 (+16)

54 (+3)

dom. 02:09

20:39:09

Tiempo de tramo

1:43:28

2.7 km/h

Velocidad de esfuerzo 8.2 km/h

6264 m+

Desde el último punto

851 m+ 201 m-

12.1 km

102.5 km

Meta Baga

Altitud 788 m

654 (-13)

56 (-2)

dom. 04:59

23:29:18

Tiempo de tramo

2:50:09

4.2 km/h

Velocidad de esfuerzo 6.5 km/h

6620 m+

Desde el último punto

356 m+ 1132 m-

 

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