MARATÓN DE LAREDO, ¡¡sub 3:30!!

Autor: 
VANESA
Fecha Cronica: 
07/06/2018
Disciplina: 
Atletismo

Bueno, empecemos por el principio. Desde la maratón de Zaragoza de 2016, yo tenía ganas de un sub 3:30 en esa distancia. Esa vez no pudo ser, y al año siguiente tampoco, y la idea me rondaba por la cabeza cosa mala. Después de un 2017 mayormente centrado en el monte y terrenos varios, y una vez que terminé la ultra de Guara, yo tenía ganas de darle chispa a las patas, pero en maratón (que se me da mejor que las cortas distancias, no sé sufrir en distancias explosivas). Y así se lo hice saber a Jorge coletas. Como ya comenté en la crónica de la media de Zaragoza, no me puse en faena hasta la Carrera del Roscón de finales de enero de este año, donde hice mi peor marca personal (PMP™) en la distancia y sufriendo como una condenada. Nein. Y desde entonces, me puse al lío.

Nunca jamás había estado preparando algo con tanto tesón y cariño. Y cansancio también. Me he metido entre pecho y espalda unas kilometradas que ni el baúl de la Piquer, y más vueltas al 1500 del parque que el tren de la bruja. Al Gimeno de la Muela unas pocas menos, ya que normalmente los entrenos los he hecho por mi cuenta. He puesto al límite la paciencia de conocidos, allegados, ya ni te cuento Raúl. El “que voy a entrenar” podían ser horas y horas…

Prácticamente he hecho todos los entrenos, salvo la última tirada larga que tocaba en Semana Santa, que a pesar de mis buenas intenciones, me pilló con un cuerpo jotero de los que quitan el sentío y fue imposible. Tirada larga… en la cama, así me pegué el día… Y es que la dieta a base de bollo preñao, torreznos, chorizo a la brasa, y hornazo de Villarino es too much para el body y hace que las tripas se me retuerzan como la niña del exorcista. Me ha ayudado Jorge coletas, que me pasaba los entrenos de Pachi adaptados a mi pulso y a mis ritmos. A Pachi también le he dado la turra cosa mala, y no dudaba en asesorarme todo lo que podía. He aprendido muchísimo por el camino, y he mejorado. No todos los días salieron bien (alguna tirada larga fallida, series que no había forma, teste de Yasso epic fail…) pero todos los días los hice con muchas pero muchas ganas.

Imaginaos lo emocionada que llegaba a la semana previa a la maratón de Zaragoza, con todo el trabajo hecho, y con mejores sensaciones que nunca y en pleno subidón de festival electrónico. Esa semana fue antológica, los chuzos que cayeron hicieron que el parque fuera una balsa de agua, y aun con todo fui a entrenar ahí para las últimas series suaves. No perdonaba una. Lo mismo me daba gripe que diluvio universal: dale que te dale, sin tesón. Me vitaminaba para no pillar catarro, me cuidaba la alimentación (los kilos volaban solos), aunque me admito concesiones en fin de semana, y el queso y el chocolate no faltaban (aunque fuese moderadamente)… Nunca me había encontrado como hasta ahora, las cosas como son.

Conforme avanzaba la semana, y seguía lloviendo, el Ebro fue creciendo cada vez más… Y empezamos a preocuparnos. La punta de la riada (por no llamarla otra cosa) justamente se esperaba para el día del maratón. La gente empezaba a comentar, y la organización lanzaba un comunicado en el que decían que el maratón no peligraba porque habían diseñado un recorrido alternativo en el que se evitaba la parte más baja inundada. Las alarmas saltaron en mi cabeza. ¿Que no peligraba? Si se lo planteaban, es que peligraba. “Jorge, dime que no la van a suspender…” Y me decía que eso era imposible…

La mañana del viernes previo fue un frenesí de comunicados, comentarios, de dimes y diretes, que se hace, que no se hace, que si en la radio dicen o dejan de decir… Cuando volví a casa, le dije a Raúl que me quedaba sin maratón, y decía que habían dicho que no. Los comunicados empezaron a ser cada vez más confusos, y finalmente a las 6 de las tarde nos dijeron que definitivamente no. La organización había hecho todos los posibles para que la maratón se celebrara, pero ante la falta de recursos (policía, seguridad…), el Ayuntamiento había decidido suspenderla, por motivos de seguridad. Si me pinchan no me sacan sangre…

La verdad que la mezcla de sentimientos que te produce es indescriptible. Quieres entender, claro que quieres entender, y relativizar, porque no deja de ser un hobbie, pero con todo el subidón que llevas, el bajonazo que te da no lo quita ni Rita. Por supuesto, saltas a la mínima con los “Total, pues se corre otro finde y solucionao”. Claro, como que te levantas cualquier mañana para ponerte a correr 42km…

Pasado ya el cabreo inicial (nunca con la organización: tengo clarinete que hicieron los posibles para seguir adelante, ya que eso era un roto en toda regla), nos montamos el 21K alternativo en el Gimeno ese mismo domingo. La verdad que me salió de pena, no iba motivada, pero al menos mi hermana pasó una buena mañana. Se había apuntado a la 10k porque le apetecía debutar a la vez que yo hacía maratón, y claro, no fue posible. Una pena, si casi me daba más rabia por ella que por mi… Ese mismo día empezamos a hablar de las posibilidades de una nueva fecha (la organización hablaba de celebrarlo otro día, pero aún no se sabía cuándo), la gente barajaba otros maratones… Vitoria 6 de mayo, muy pegado a los dos puentes, Laredo el 3 de junio… uff. Yo ya me había mentalizado que una vez hecho Zaragoza, me pasaba al monte para preparar Peñalara. Bueno, quien dice preparar, dice mentalizarse. Y proceso de esa preparación quería correr la maratón de Horcajuelo, en Añón de Moncayo, Maratón O viento Rondador en Boltaña (mediados de mayo) y finalmente La Integral de Tozal de Guara el 3 de junio (la media la hice hace tres años, cuando aún no entrenaba en condiciones y era más fácil saltarme que rodearme). Al final me había quitado de Horcajuelo porque era una semana después de Zaragoza y me parecía demasiado para el cuerpo… Y ya total para nada, y como caía en puente ya había hecho planes… Vamos, problemas del primer mundo, si es que nos quejamos de vicio…

Pensando y repensando (y consultándolo con Pachi), decidí a apuntarme a Boltaña (para no olvidarme del todo del monte) y a Laredo, renunciando a Tozal de Guara (y lo mucho que me jodía). Era dudo compaginar y más seguir con los planes, pero bueno, al menos lo hecho no caería en saco roto… Poco después confirmaron la nueva fecha de Zaragoza, que era el día después de Boltaña. Ese dorsal se lo acabé cediendo a un chaval al que le encajaba más correr en la nueva fecha.

Así que seguí entrenando, con dos pequeñas concesiones, la Carrera del Río Martín en Alcaine (el pueblo del coletas), donde quedé segunda y lo di todo, y el maratón O viento rondador, en Boltaña, un maratón precioso de montaña, algo corrible, que me tomé con toda la calma que pude, donde fui por pulsaciones, y procuré no fundirme. Lo justo para no olvidarme del monte, resetear un poco el coco y respirar aire puro, cosa que necesitaba cosa mala. Siempre sin dejar de entrenar, si es que ni me paraba a saludar por el parque a mi hermana (que si no perdía la cuenta y me liaba con los rusos cortos). De hecho, me “reconcilié” con el parque. No entrenaba ahí en serio desde los tiempos del pelirrojo, y me había costado volver. De cuando en cuando entrenaba por mi barrio (Agustín Moreno lo tiene parcialmente marcado cada 100 metros), pero las series “serias”, martes y jueves, las hacía en el parque. Ni os imagináis remotamente el tute mental que es hacer 20 km a base de dar vueltas al 1500…

El día después de Boltaña se celebró por fin la maratón de Zaragoza (13 de mayo); fui a animar a mi hermana (que finalmente corría la 10k), chillando como una posesa a la par que corría 100 metros a su vera cada vez que la veía. Eso a pesar de mis cuádriceps, que aunque había ido reservona, pues los tenía petados de la bajada del Nabaín. Una vez que terminó (lo hizo fenomenal, por debajo de los 53 minutos), el heavy y yo nos acercamos al km 38 a animar a los maratonianos. Vimos pasar al primero, y a partir de ahí goteo de corredores. Recuerdo cuando vi a Lurdes Chávarri, nos pusimos a aplaudir como locos y gritar como posesos, mientras se emocionaba. Aún me acerqué a meta, donde la vi remontar a cuarta posición y le di un abrazote de esos sentidos, de los de verdad.

Eran sentimientos encontrados, un “haber querido estar ahí” (pero todo no era posible), y a la vez la emoción de ver la carrera desde otro ángulo. Se notaba el cambio de fecha, había muchos menos corredores, y de haber ido todo bien, hubiera podido hacer podio de mi categoría. Eso da mucho subidón en tu cuidad. Pero para mi lucha aún quedaba… Ni más ni menos que 3 semanas. Empezaba a estar más harta que Tarragona de pescao. Sasto, como dice mi suegra y tal y como dije en la ultra de Guara.

En esas tres semanas, por fin la tirada larga de 30km que quedó pendiente pudo salir bien (y eso que iba poco fina, ya que la hice en el Gimeno y se me hacían cuesta arriba las vueltas), y los últimos test (incluido el de Gavela) presagiaban que llegaba mejor que hace mes y medio… Los días previos creí notar dolores donde nunca los había sentido, y al final me faltó tiempo para ir al fisio… pero es que no me daba la vida…

A lo que me di cuenta, ya estábamos enfilando para Laredo el heavy, mi hermana (que se venía de apoyo logístico y para disfrutar un poco de la playa) y yo, además de Jorge coletas y su hermano con su pareja, y algunos otros rusos para enfrentarse a la media. El viernes hubo cena de pasta, el sábado fue un relax total, playita incluida, tanto relax que me socarré un poco las piernas y los empeines… Muy espabilada, sí señora, tienes que correr 42 km y te quemas los empeines… ¡¡cojonudo!! Bien de cremita, cena de pasta (le hice caso a Jorge, aunque el cuerpo me pedía otra cosa) y a dormir. Mi hermana y yo dormíamos en un apartamento súper tranquilo, y yo creo que es de las veces que mejor he dormido y descansado antes de una carrera. En otra de las habitaciones había un chaval de Madrid que llevaba no sé cuántos maratones seguidos.

Como siempre, me desperté a las 6, tres horas antes, y desayuné nutella fit (que para el caso, patatas) y plátano. Volví a echarme, y ya a las 7 y poco empezó el habitual baile de tripas de puros nervios (no lo puedo evitar) y las visitas al baño de rigor. La mujer del apartamento estaba un poco alarmada porque no se oía al otro chaval y hasta dudaba de que hubiera vuelto a dormir, y la verdad que hasta que no lo vi en carrera, estuve rayada. ¿Dónde se habría metido? La noche Laredana, que confunde…

Mi hermana al final pasó de salir a correr, y se vino conmigo a la zona de salida (estábamos a escasos 700 metros). Ahí calenté unos 20 minutos con los Jorges y los rusos, aunque calentar, lo que se dice calentar, casi ni hacía falta: a pesar de estar el cielo encapotado, no hacía gota de frío, y no soplaba ni gota de aire. Yo llevaba unas pantorrilleras de compressport, para minimizar el movimiento de los gemelos. A modo de anécdota contaré que estas pantorrilleras eran nuevas, y que tenían una pestaña en la parte superior (cosa que no tenían unas anteriores que tuve de la misma marca). A mí me estorbaba un poco, y me la puse por detrás de la pierna, y resulta (como vi a corredores después) que se ponía por delante para sujetar algo la rodilla. En fin, torpezas mías, como soy tan bajita, sinceramente casi me sobraba pantorrillera en cuanto a longitud y me cubría hasta casi la rodilla…

Y ya nos llamaron a la zona de salida. Me coloqué en medio del mogollón sin llegar a localizar a las liebres, y a lo que me di cuenta, arrancamos ya. El comienzo fue frenético, y yo llevaba una estrategia clara: seguir a mi corazón, literalmente. La idea original siempre había sido ir a bajar de 3 horas y media, y las progresivas mejoras hacían pensar en hasta un tiempo menor… pero lo mejor que podría hacer era seguir mi pulso, mi corazón, no bajar de cierto umbral y no pasarme de frenada. Y que salga el sol por donde quiera.

Dicho y hecho. El primero km, cómo no, fue una locura, me salió a 4:33 mientras dejaba atrás a la liebre de 3:30. Una vez que el corazón se me estabilizó, fijé un ritmo más adecuado, 4’50 más o menos… Tampoco le hacía mucho caso al ritmo promedio (que tiende a ser más alto del real debido al fallo del gps), pero sí a los tiempos netos de paso (la cuenta era fácil suponiendo que no debía ir más lento de 5’/km). Enfilamos una recta interminable, mientras maratonianos y medio maratonianos pasaban a mi lado. Los primeros km mi gps estaba casi a la par que las señales, la cosa no iba mal. La respiración bien aunque estaba sudando bastante y estaba ya empapada (es lo que tiene un 98% de humedad, cosa que supe después), y de momento todo en su sitio. En los avituallamientos bebía prácticamente medio botellín de agua, y en cada uno de ellos, una pastilla de sales. Me las recomendó Jordi en la maratón de Zaragoza del año pasado y he de decir que son mano de santo.

La vuelta era muy sencilla: una avenida larga larga, giro a la izquierda, giro a la izquierda, y otra avenida larga larga. Ambas confluían en una misma calle donde veías venir por el otro lado a los corredores de cabeza. Pasábamos por la zona de meta, y nos daban la vuelta en la zona de puerto. Y de nuevo enfilábamos hacia la salida. Así 4 veces. En la primera vuelta vi a mi hermana varias veces, estaba con la novia de Arán animando. La gente se concentraba en la zona de meta, y chillé a los Jorges al verlos pasar. Conté a las chicas maratonianas, me pareció ver a 5 y ahí supe que era complicado tener premio (hasta la quinta había premio en metálico). No pasaba nada, mejor centrarme en lo importante, en mi ritmo, en mi marca, y olvidarme de cosas que estaban lejos de mi alcance (eran muy buenas). Bien, la cosa de momento iba bien. Iba a la par que un par de chicas que hacían la media pero en la zona del puerto tiraron para adelante y seguí a mi ritmo. Tenía algo de margen, unos 2-3 minutos sobre la liebre. Al terminar de dar la primera vuelta, engullí el primer gel. Es de los que viene con agua ya, y la verdad que cayó bastante bien al estómago.

Segunda vuelta, más de lo mismo. Estaba empapada en sudor, pero aunque tenía algo de sed, no dejaba de beber en los avituallamientos. Por fin me coloqué en condiciones las gafas, que me pegué más de una vuelta con ellas mal colocadas, metidas por debajo de una cinta y en el otro lado no, cosas del postureo, jajajaja. En todas esas fotos parece que me haya pimplado una botella de Jaguermeister. Antes de terminar la larga avenida de ida, me puse a la par de unos corredores que llevaban un ritmo similar al mío. Volví a ver a los Jorges, esta vez el heavy llevaba peor cara. Pasábamos nuevamente por el puerto y volví a tomar un gel con agua. Postureé cosa mala cuando el cabeza de carrera nos alcanzó en la que era para él su tercera vuelta. El espíritu monguer salió de mi interior, me puse detrás y saludé a la cámara dando incluso algún brinco, mientras iba al rebufo del keniata, un primo lejano de Kipchoge, durante escasos 10 metros. El suunto hasta se me aceleró, me relajé un poco y me eché 4 risas. Ahí perdí el hilo de los corredores que iban a mi par, luego vi que algunos habían debido tirar más pero otro de ellos se retiró. Cruzaba la media en torno a 1:43:00, mientras los rusos que ya habían terminado la media me animaban, así como Miguel, el hermano de Jorge. Seguía manteniendo el margen de dos minutos.

Yo sabía que ese margen de dos minutos me lo iba a comer con patatas en las dos siguientes vueltas (y así fue), porque se sabe cómo se empieza, pero no cómo se acaba. La tercera vuelta es la que más dura se me hizo. Me daba la sensación de que se me iba el tiempo sin darme cuenta, y a mismo pulso, tiraba menos. Seguía tomando sales, bebiendo agua en los avituallamientos, y cuando ya me dirigía hacia la avenida en la que confluyen los que van y los que vienen, me alcanzaron el segundo y el tercero. Es curioso eso de creer que vas corriendo a cierta velocidad y que te pasen como si nada, en un segundo ya los tienes a 500 metros por delante. Nadica somos, que diría Mariano Gallego de los Beer Runners.

Y volvimos a cruzar por la zona de meta. Animaba a las maratonianas que tenía por delante, y a las que venían por detrás. Por detrás vi a Fabián Roncero en su última vuelta (gran atleta español que destacó en las pruebas de fondo; fue recordman europeo en media maratón y también recordman nacional de maratón y de 10.000 metros). Finalizada la tercera vuelta, me tomé el tercer gel para poder tomarlo con agua (éste era diferente a los anteriores). Me enfrentaba ya a la última vuelta, y ahí subí el pulso. Tocaba apretar para que la liebre de 3:30 no me pillara.

Hacía ya rato que no hacía ni caso a los pitidos del suunto cada vez que pasaba un km. Al principio, prácticamente coincidía con el marcaje del recorrido, pero conforme pasaban los km y aumentaba la distancia, la discrepancia se hacía mayor. A mí los ojos me hacían chiribitas de ver las señales en el suelo, de 24, de 10, de todos los km. Me hacía la picha un lío haciendo cuentas. Al ser 4 vueltas, las señales se solapaban, así que mejor concentrarse en eso, en que era una vuelta, y ya.

El cuarto gel con cafeína lo tomé algo antes del km 35 para poder tomarlo con agua. Lo intenté abrir y se me cayó al suelo, y sí, me tocó agacharme, pero vamos, lo necesitaba. Me metí el nuevo chute que me dio la energía que me faltaba. Otra vez larga avenida hacia la zona del puerto. Me permití el lujo de subir algo el ritmo, y fui alcanzando algunos corredores que a su vez me habían adelantado anteriormente. Había quien podía apretar, había quien se había quedado sin fuerzas. La humedad era brutal. Veía algún corredor retirado por el camino.

En la zona de puerto y paso de control, vi que venía justo detrás la liebre de 3:30. Me puse el reloj en modo cronómetro, y me dejé llevar a lo que pude olvidándome del pulso. Ya estaba prácticamente en meta, me quedaban apenas 500 metros, y sabía que podía llegar. Según mi reloj, los últimos 700 metros los corrí a 4:33. El último giro, y enfilé ya hacia la meta, dejando de dar vueltas como un pirulo, y lo di todo. Vi a mi hermana entre el público mientras chillaba “Esa Hansennnn”, y me emocioné al ver el tiempo, al ver que estaba en 3:29: (y algo), seguí acelerando con los brazos en alto, con una sonrisa de esas que te salen de dentro, y crucé el arco de meta en 3:29:44, con una alegría que te dura y dura y dura, mientras anunciaban que era la sexta chica. Fui tercera senior, pero las senior no recibíamos trofeo, cahissss. Es difícil describir el sinfín de emociones que desfilan por tu cuerpo en ese instante, pero digamos que lo gocé como en ninguna otra maratón. Supongo que es incomprensible que después de arrearle al cuerpo 42km, yo lo que sentía era que lo estaba pasando de putamente, como diría Triatleta de Barrio ;)

Pura felicidad entrando en meta.

Ya salieron a mi encuentro (Marcel y su mujer, Arán, su novia y mi hermana) y pregunté que qué tal les había ido a los Jorges. Jorge heavy había petado y se había visto obligado a andar, y al final había hecho unas 3 horas 13. El coletas había logrado mejor marca personal, pero le había sabido a poco, porque había hecho 2:46 y estaba para rebajar de 2:40. Arán se había salido en su media, mejor marca personal, y el resto de rusos habían peleado lo que habían podido. Me dio mucha rabia por los Jorges, especialmente por el heavy, que lo había pasado mal.

Me fui para el apartamento (después de pimplarme de un trago dos latas de isotónica, tenía la lengua como un gatete) y ya me duché, y después nos juntamos a comer con los Jorges y el hermano del coletas y su novia. A la tarde cuando tocó salir, empezó a llover. Volví a casa cansada, pero bastante bien de sensaciones, y de hecho, dos días después, se podía decir que no tenía agujetas.

¿Sensaciones? Unos días después sigo en una nube. Ver materializado el fruto de tanto trabajo da una alegría y un subidón fruto de las endorfinas que tengo para días. Tengo ganas de dar la tabarra al personal y contarle lo que siento. Es la maratón que mejor me he encontrado, que mejor he gestionado, y más satisfactoria, sin duda. Cruzar meta en carrera siempre es motivo de alegría, significa que no te ha pasado nada, pero pocas veces había experimentado el subidón de esta vez.

¿Reflexiones? Que había merecido la pena, que había sido un trabajo duro, porque entrenar a pesar del cierzo, de lluvia, de cansancio, y de que se me hacían las mil en el parque no es sencillo, pero es lo me había dado seguridad para terminar bien y con garantías. ¿Podría haber hecho mejor marca? Pues puede ser, los ritmos me habían mejorado mucho, pero en carrera tienes que lidiar con muchos factores, y este día en concreto la alta humedad fue uno de ellos. Así que al final todo cuenta y todo afecta (y todo suma), y la verdad que estaba orgullosa de cómo lo había gestionado. Nadie me obliga, simplemente soy yo la que tenía ganas de entrenar en asfalto bajo un objetivo concreto. De darlo todo, de poner mi ilusión y mi cariño en el objetivo.

En cuanto al circuito, si bien es cierto que es ideal para darle zapatilla, eché de menos las calles conocidas de Zaragoza, el objetivo de Ana Urrea, la gente que te conoce y te anima por tu nombre… El recorrido quedaba muy desangelado en muchas partes, salvo la zona del puerto y meta donde se concentraba casi toda la gente. Por no hablar de la meta en la Plaza del Pilar. Esa meta es mucha meta…

Tengo que dar muchas gracias…

Gracias a mi hermana, la Hansen Junior que se vino de apoyo logístico, aunque aguantar la turra de conversaciones de runners puede agotar y desquiciar a cualquiera. Esos ánimos en carrera son simplemente lo más. A los rusos, por el período de acogida, por las risas en el Gimeno… Muchas gracias Ibán (Cabras Team) por el seguimiento que me hiciste en directo, te juro que es un detalle que me llegó a la patata. Por cierto, de momento no he superado tu marca, pero todo se andará, jejejejejeje ;). A mis padres… Por los ánimos siempre… A Raúl le he agotado la paciencia, eso de “Tengo que hacer series” o “Tengo la tirada larga” eran cosas extrañísimas, nunca había dado yo tanto la brasa preparando algo, pero la ilusión que me hacía… bien lo sabe. Gracias a Lurdes por tus preciosas palabras de ánimo el día de antes que me emocionaron un montón, si algo eché de menos el domingo era compartir zancadas contigo y ese abrazote en meta; gracias a todos aquellos que me preguntábais y animábais… Gracias al heavy, cómo no, mi compañero de fatigas, mi grandísimo amigo, que me ha acompañado en esta preparación. Lo tienes en las patas, y ese marcón te llegará, claro que sí, ¡¡y que yo lo vea!! Porque eres un tío cojonudo, y porque te lo mereces. Gracias Ana por acompañarme por el parque con la bicicleta dando vueltas y vueltas y vueltas (y más vueltas) al 1500 del parque.

Y por último, y no menos importante… Gracias Jorge coletas por tu dedicación, por tus consejos, por ayudarme tanto. Ha habido momentos de felicitación y “broncas” cuando las cosas no se hacían bien, pero siempre sabiendo hasta qué punto me podía exigir. Nunca había estado tan en armonía con esto de correr, he llegado a un punto en el que selecciono más los objetivos, que sé lo que puedo dar en cada uno de ellos, porque ir a por todo en todos es agotador, y puedo decir que el running ha venido para quedarse. Eres genial, Jorge, no cambies nunca. Te mereces todo lo mejor y soy privilegiada de tenerte como amigo. Y Pachi, cómo no, la cabeza pensante detrás de todos esos entrenos, que no ha dudado en aconsejarme, en animarme y acogerme como una más. Esta grupeta da miedo de los fuertes que están, pero os digo yo que son unos cachos de pan. Mucho lirili y poco lerele, que diría mi suegra ;)

A mí el trail me enamora, es algo que disfruto mucho, pero la distancia de Filípides en asfalto tiene un no sé qué que me tiene enganchada. Esto es sólo el principio, tengo ganas de seguir para adelante, de luchar para sacar mi versión mejor e intentar encontrar el techo. Nuevos objetivos, nuevas metas, y siempre, siempre, sin perder la sonrisa ni dejar de ser feliz. Porque os digo una cosa: cuando encontráis aquello que os apasiona, y que os llena, le pondréis tanto cariño y tanto tesón, que lo disfrutaréis el doble.

Toca cambio de chip, Peñalara (y Tena) me esperan. Y ya sabéis, como digo, luchad por vuestros sueños, porque merece (y mucho) la pena. Y bueno, tengo que cerrar con una frase. Sé que no me va a leer, sé que no lo va a saber, y no se va a enterar, pero… Iván… lo conseguí ;)

Tags: 
Maratón
laredo
cantabria
Running
Añade un comentario a la crónica