X ULTRA TRAIL DE GUARA SOMONTANO, repitiendo, que es gerundio...

Autor: 
VANESA
Fecha Cronica: 
10/01/2019
Disciplina: 
Montaña

Vaya por delante (como diría Jordi el de mi club) que no esperaba repetir esta ultra tan pronto. “Repetirás”, me decía el año pasado por estas fechas Óscar el andarín. “Esta ultra es de las que se repite”. Y bueno, imaginaba que estaría en lo cierto, lo que no esperaba que fuera al año.

Informe de situación: después de Tena, me había quedado con ganas de km, porque es que lo mío ya es vicio pero del malo, algunos les da por beber, otros se drogan, yo me jarto a kilómetros para petar el cuerpo, manda bemoles la cosa… Guara no estaba en mis planes, porque ya estaba hecha (las anécdotas aquí https://www.andandaeh.com/cronica/9a-ultra-trail-guara-somontano-mi-prim...). Y a mí mejorar tiempos en una ultra como que me da un poco lo mismo… Pero este año era tentador: chorrocientos naranjitos de Trail Running Zaragoza se estrenaban en la distancia (Clarita, Isabel, Sergio…), lo que garantizaba muchas caras conocidos en parte del recorrido, amén de otros tantos (Mónica, Juanjo, Chen Nuño…). Y eso otra cosica es… Por no hablar de cerrar la temporada (ahora sí) con un broche de oro, una ultra “asequible”. Y es que Guara… enamora.

Así que finalmente, se me presentó la opción, los astros se alinearon, Plutón volvió a ser planeta (esto no), se resolvieron favorablemente ciertos temas y podía ir. Y claro, a mí no me hacen falta anchoas para tener sed… A última hora conseguí alojamiento en Radiquero, en un albergue, y reservé para dos noches, con la esperanza de que (esta vez) la segunda noche la aprovecharía un poco más.

Lo bueno de ir a una ultra con el terreno ya conocido (salvo pequeñas variaciones del recorrido) es que vas con toda la tranquilidad del mundo, sin presiones mentales de ningún tipo. Si todo iba bien, si los palos no se me caían en el río, ni las cagaleras hacían acto de presencia, iba a ser un paseo largo por el monte, pero con la tranquilidad de no exigirme nada. Saliera lo que saliese, me iba a parecer bien. Bueno, que para quitarme la gusa no hacía falta tanto km, pero me corría por el cuerpo, qué cojones. También tenía ganas de hacerlo un poco mejor, calmando un poco así a mi angustiada madre que pensó que mi llegada iba a estar otra vez en torno a las 6 de la mañana, como en 2017.

Fui en solitario a por el dorsal, y me retiré lo antes posible para descansar. En la habitación coincidí con un grupo de chicos y chicas que iban a hacer la de 38 y la de 50. Era la única loca del cuarto que hacía la ultra. Más o menos descansé bien, y me levanté con tiempo, ya que lo de aparcar podía complicarse, y además porque la salida estaba a los pies del castillo, y no en la plaza habitual. No creáis que llegué con tantísimo tiempo… De camino, vi a algunos de los naranjitos que habían aparcado más cerca que yo.

Y ya me ubiqué en la zona de salida. Vi a mis escobas del alma, Scofield, Carlos… con los que compartí tantas horas en el Aneto. Se alegraron de verme, y yo a ellos. La verdad, iba con ganas y emocionada más de la cuenta, qué cosas. Isa, Clara, Sergio… todo caras conocidas que me hacían tener infinitas ganas de repetir el recorrido.

Alquézar-Asque-Alquézar (14km)

Y nos dieron el pistoletazo de salida. Comenzamos a corretear con ganas para entrar en calor, no hacía demasiado frío pero al ser temprano, algo se notaba. Los primeros metros se corren solos, por las calles empedradas y con los ánimos de la gente ahí agolpada. Pronto nos adentramos en la oscuridad, y los frontales pasaron a ser la única luz disponible. Yo iba a la marcha, cruzándome con caras conocidas, y gran parte de este tramo lo hice con Michel Borrás, otro de mis escobas en el segundo bucle del Aneto, que había participado en todas las ediciones de Guara. Me encontraba bastante bien. A ratos me tenía que bajar los manguitos (no llevaba puesto el chubasquero) de la sudada que llevaba. A la media hora dieron el pistoletazo de salida de la Long Trail, por lo que no tardaron mucho en alcanzarnos los primeros corredores, frenéticos.

Justo antes de alcanzar las pasarelas benditas, nos liamos tres corredores a hablar, y emprendimos un sendero de subida que no nos sonaba de nada. Como no había señales, reculamos (además, estábamos a punto de alcanzar Alquézar, y no habíamos pasado por las pasarelas), y por fin alcanzamos el camino de verdad. Así que cojonudo, con lo bien que iba, y me había comido la ventaja con respecto el año pasado, jajajajaja. Emprendí el camino por las pasarelas agarrando los palos como si no hubiera un mañana, mientras animaba al resto a que tuvieran cuidado, si no querían hacer el canelo por las aguas…

Llegué a Alquézar, cogí fuerzas, y proseguí la marcha.

Alquézar-Viña (12km)

Este tramo me lo pasé de cháchara con algunos chicos de Trail Running Zaragoza: Javi “ojos azules”, Clarita, Iván y Sergio Lanuza. Yo corría todo lo que podía, aprovechando que el camino lo permitía. A lo que me quise dar cuenta, alcancé el avituallamiento de Viña, donde vi a Natalia, que estaba haciendo la carrera de 52 km (e iba muy bien) y también a Enrique (mi escoba el año pasado durante la mitad del recorrido), que iba con David de Corredores del Ebro. Michel me preguntó si llevaba un botellín extra, se le había rajado uno. Ya hacía bastante calor.

Viña-Las Almunias (9.5km)

Otro tramo bastante rápido, en el avituallamiento me volví a encontrar con Chen Nuño. A ratos íbamos a la par, en las bajadas se me iba, y en las subidas lo pillaba, como el malo de las pelis… El calor empezaba a notarse, y nos cruzamos con algún corredor algo tocado en el camino. Íbamos a buen ritmo. Este tramo era pelín diferente al año pasado, o al menos, me dio la sensación de que al avituallamiento se llegaba por un camino algo distinto. Recargué bien las pilas y emprendí el camino a Rodellar, punto de ubicación de la mochila de vida. Aunque comía algo de los avituallamientos, tiraba fundamentalmente de mis barritas, a las que por fin les estaba dando papeleta después de haberlas paseado por alguna que otra carrera… No esperaba a que me diera la bajona para comer algo.

Las Almunias-Rodellar (8.9km)

Este tramo lo compartí sobre todo con Chen. Aunque algunos tramos picaban bastante para arriba, se me hizo bastante llevadero, y alcanzábamos Rodellar a eso de las dos y pico de la tarde, a la vez que otros tantos naranjitos.

En Rodellar me topé con Sergio, uno de mis escobas el año pasado a partir de las Bellostas. Le dije que no tenía ni gotica gana de verlo después, y me comentó que Chemita, el escoba que hizo la carrera íntegramente el año pasado, que iba tocado y que es posible que abandonara. También me encontré con Paul, que me comentó que Isa iba muy bien, y me dio ánimos para seguir.

Yo hice una visita al baño (la puñetera regla había decidido acompañarme otra vez, como el año pasado, hay que joderse), y de camino me encontré en el bar a Óscar de los rusos, que se había retirado (yo lo mato). Comer lo que se dice comer, me tuve que quedar con las ganas: la ensalada de pasta/arroz brillaba por su ausencia, y aunque estaban haciendo más porque habían hecho corto, tampoco podía eternizarme en la espera. Eso sí, coca cola toda la del mundo.

Aquí me cambié de camiseta, que estaba empapada en sudor, y de calcetines. Me estaba notando que en el lateral del talón (de ambos pies) amenazaba una ampolla. Ilusa de mí, me cambié de calcetines, los cuales eran algo menos gruesos que los que llevaba puestos, pero no quise cambiarme de zapatillas (llevaba las Raven boost de adidas en la mochila, supuestamente ya jubiladas). Llevaba calcetines de repuesto, pero no llevaba ningún compeed (¡error!).

Vi retirarse a Juan. Sí, Juan, el señor mayor de Guara del año pasado, con el que coincidí también en la ultra del Aneto. Repetía Guara, pero me dijo que no se encontraba bien y que se retiraba…

Rodellar-Otín (9.6km)

El infierno en la tierra, literalmente, y para mí, el peor tramo del recorrido. En el primer tramo de bajada, empecé a notar ya un calor agobiante. El tramo de subida, sin una triste sombra, fue un auténtico suplicio. Si el año pasado afrontaba este tramo en apenas 2 horas porque no llegaba al corte horario de Otín, esta vez no me quedó otra que aflojar para no morir en el intento. Por delante tenía a Nuño, que resoplaba como un loco en plena subida. En el descenso pedregoso hacia el cauce del Mascún, empecé a notar que las ampollas del lateral del talón iban a más. Mónica Olivera (con la que intermitentemente ya había coincidido en el recorrido) pasó a mi par y me dio una tirita, para ponérmela después. Yo bajaba como podía y notaba unas punzadas de dolor tremendas. En el cauce del río había un lugar en el que recoger agua (estaba a punto de quedarme sin una gota), pero no encontré el sitio y finalmente un voluntario me dio un poco. La subida en zigzag por la costera fue algo menos dolorosa para mis talones. Al poco me alcanzó Iván de TRZ, Clara iba algo por detrás, y Lorenzo en lo alto nos estaba castigando cosa mala. Pillamos por poco a Ramón Ferrer, que consiguió devolvernos la sonrisa. Si es que ves las fotos del momento y ni te crees que estabas al borde del desmayo…

Un par de corredores de TRZ me dieron tiritas tipo compeed, y no pude ni esperar a Otín, me las puse en medio del sendero: efectivamente, llevaba unas ampollas morrocotudas en el lateral del talón. Y por fin alcanzamos Otín. Yo ya sabía que se hacía de rogar…

 

Fotaza cortesía de Ramón Ferrer en la costera pedregosa antes de llegar a Otín.

 

Otín-Bagüeste (7.7km)

En el avituallamiento, me encontré otra vez con Juanjo, al que ya había visto en el recorrido. Se retiraba. Una voluntaria me pinchó las ampollas (estaban fatal) y me colocó dos compeed en condiciones. Dolía pero bien, pero como era en el lateral del pie, no me impedía correr. Cuando me vi con fuerzas, retomé el camino. Por delante iba Mónica, Clara e Iván. Sergio Lanuza se había retirado. Por fin pude tener una foto en las fajas de Mascún, uno de los trozos más bonitos del recorrido. Un corredor fue a mi par, y poco después alcanzamos al resto, y aceleramos el paso hacia Bagüeste.

El año pasado se me hizo de noche en este trozo. Esta vez lo alcanzamos de día, estaba ligeramente cambiada su ubicación, y volvimos a coger fuerzas. Yo de hecho, eché un buen trago de vino rosado. Clara dijo que tenía las tripas del revés, pero a estas alturas de la película, la confianza daba asco, y lo mismo nos daba tener las tripas revueltas como no tenerlas…

Bagüeste -Las Bellostas (5.4km)

Afrontamos con ganas el siguiente tramo del recorrido. La noche estaba llegando, pero apuramos la miaja de luz que había hasta alcanzar las Bellostas, mientras gente del pueblo nos animaba a su paso cuando apenas quedaban unos metros para llegar de nuevo a la ci¡vilización. Por fin alcanzamos el famoso almacén que tanta cosica me daba el año pasado…

Fue entrar en el almacén y ¡PUM! Se fue la luz. Al rato volvió, y ahí di cuenta de un buen caldo Aneto. Quedarme parada me hacía tiritar de frío, y aunque en un principio opté por ponerme los manguitos, acabé sacando la térmica de manga larga, que estaba seca, y me quité la de manga corta. No me iba a sobrar. Aquí estaba Natalia (había terminado su carrera), que estaba pendiente de Jorge, el amigo con el que hizo Tena, que a su vez acompañaba a Luciana. Yo iba súper animada y con muchísimas ganas de acabar.

Las Bellostas- Pista hacia el collado Pedro Buil (10km)

Salimos del cobijo hacia la oscuridad de la noche. Me puse por delante de Clara e Iván e iba marcando el paso, ya que se podía correr. Yo juraba y perjuraba que recordaba que ese tramo era una pista super cómoda, sin piedras, pero la pista como tal no aparecía, y el camino seguía teniendo piedras, mientras Clara me decía si acaso no lo habría soñado… Lo que hace el coco y cómo simplifica los recuerdos, porque yo ese tramo no lo recordaba así, y resulta que no lo habían cambiado. Juro y perjuro que recordaba un sendero llano, sin piedras, una melodía para los pies. Si sí, emperatriz.

El medio del camino vimos de repente un reguero de sangre, cada vez a más. Temimos ver un runner moribundo, o un jabalí encabronado… al final ni una cosa ni la otra, aunque me pareció confundir una roca con un jabalí…

Y seguimos corriendo, hasta que al final empezamos a divisar la luz del siguiente avituallamiento. Ahí estaba Susana y Roberto, al igual que el año pasado. Al menos, esta vez mi careto era reconocible, y me encontraba mucho mejor (y era una hora más razonable, algo más de las 10 de la noche). A nuestra par iba Mónica y también Silvia, una amiga de Flora que había tenido una bajona pero que se recuperó y no veas cómo corrió después.

Pista hacia el collado Pedro Buil – Mesón de Sevil (10km)

Tras abandonar el avituallamiento, me puse a la par que Chen, y me empecé a rayar. No sé si era sueño, cansancio, o qué sé yo, pero la larga pista (y cómoda, esta vez mis recuerdos no eran confusos) se me estaba atragantando, y se lo dije. “Me estoy rayando, voy a correr más”. Así que empecé a acelerar el paso, a ver si así se me pasaba la modorra, el sueño o la tontuna. El primer tramo de este segmento es comodísimo, pero no ver ni una triste luz, y cada vez ver menos las señales, pasaba factura. El año pasado en esta pista me dormía de pie, mientras hablaba de barcos pesqueros en Noruega y de salmón ahumado…

Y seguí correteando (bueno, quien dice correr, dice ir a 7 min/km, ¡si llega!), hasta un descenso técnico (que recordaba, pero no tan chungo), y una zona de sendero algo incómoda que tampoco recordaba así. Como la lluvia hizo aparición, me puse el chubasquero, para que no me diera un tabardillo. Alcancé Mesón de Sevil sobre las 12 y media de la noche. Al poco rato aparecieron Clara e Iván.

Mesón de Sevil – Radiquero (10.6km)

Intentando no quedarme fría, abandoné el avituallamiento, sabiendo que la primera parte permitía correr. Seguí dándole a las piernas, hasta llegar a ese descenso que sí que recordaba perfectamente del año pasado, que hice como siempre con sumo cuidado, entre el cansancio, lo torpe que soy, y la noche, pues no era plan de hacer el canelo. Y por fin apareció Radiquero. El hostal donde estaba alojada estaba muy muy cerca, pero por supuesto, a estas alturas, como para abandonar… Apenas paré el avituallamiento, retomé el camino en solitario por la larga pista. Veía relámpagos a los lejos, e inconscientemente aceleré el paso.

Radiquero – Alquézar (5 km)

Aquí corrí lo que pude. Los pies estaban machacados, pero la pista en subida y luego bajada lo permitían. Así que aunque estaba sola y apenas veía luces de frontales, afronté con ganas los poquísimos km que quedaban.

Y en cosa de una hora, sobre las 3 y media de la mañana, alcancé por fin meta, recortando en unas tres horas el tiempo del año pasado. Ahí me encontré a Isabel, que había llegado poco antes que yo. Isa es fuerte fuerte, y había acompañado a Miguel Ángel cuando le entró la bajona en carrera, cosa que la engrandence más allá de las marcas. Vales un potosí, hijamía ;)

Y poco después llegaría Clara e Iván, marcándose un estreno en una ultra que quita el sentido.

Estuve un rato entretenida en la zona de meta, reponiendo líquidos, sentándome lo justo (a ver quién es el espabilado que se levantaba ahora), hablando con Chen, que llegó al poco de llegar yo… y ya emprendí el camino hasta el coche, para conducir hasta el hostal. Toda la gente de la habitación dormía, como era lógico, y ahí me di una buena ducha intentando no hacer demasiado ruido, y aluciné con la pedazo de rozadura que me había salido en la espalda, culpa de un sujetador que no había testado lo suficiente (¡mal!).

Intenté más o menos dormir, aunque admito que según cómo me ponía me rozaba las rozaduras, valga la redundancia, y veía las estrellitas y no precisamente a través de la ventana… Así que aunque pude dormir un poco, acabé levantándome antes de lo que hubiese querido, mientras intercambiaba impresiones con los compañeros de cuarto. Después me marché a Alquézar a ver el ambiente de meta, y después fui a comer con la gente de Trail Running Zaragoza.

Y así terminó otra aventurilla por el monte, quitándome a base de bien cualquier remanente de ganas después de Tena… Me resultó llamativa la cantidad de abandonos que hubo en carrera (más de 100, creo recordar), porque aunque no es una carrera excesivamente técnica, nos hizo bastante calor por el día, lo cual hizo mella.

Sensaciones, reflexiones y conclusiones… Pues la verdad que fue una carrera disfrutada de principio a fin. Sin presiones de ningún tipo, aunque con ganas de hacerlo lo mejor posible, no tuve momentos malos malísimos como para tener ganas de abandonar. Bueno, la noche siempre confunde, como a Dinio, pero nada que la cabeza no pudiera superar. No me considero rápida, no me considero buena, nunca me disputaré buenos puestos en carreras de nivel, pero el nivel de gozo, el mío, es difícilmente superable, os lo digo de corazón. Tener patas, salud, cabeza para poder disfrutar de estas pequeñas cosas, me hacen feliz.

Y de esa manera le ponía un broche de oro a un año que enmarcaría, con grandes momentos, con mejora en la marca de maratón (y todo el entreno que llevaba detrás), con tres ultras (a mi ritmo, eso sí, que no creo que me hagan digna de admirar… todo depende de los niveles que te exijas), con mi primer DNF (did not finish), pero todo eso y en su conjunto, forman parte de mí, y me siento orgullosa de ello.

Le doy la enhorabuena a todos aquellos corredores reincidentes, a los finishers y a los que tuvieron que abandonar, a Clara e Iván, que tuvieron un debut brillante en la distancia, ¿quién dijo caracoles? Sergio Lanuza, mucho ánimo, con lo fino que te estás quedando a partir de ahora no va a haber quien te siga…

2019 se plantea con retos en el aire, con cosas que debo concluir aunque laboralmente no me sirvan de nada (tesis, qué podía ser), aunque nunca se sabe… y con planes que iré elaborando sobre la marcha. Descarto el entreno en velocidad, después de Laredo no tengo ganas (de momento) de mejorar marcas, pero bueno, que lo que sea, ya irá surgiendo. A la media maratón le tengo ganas, me queda pendiente bajar crono, pero no hay prisa... La velocidad la pierdo increíblemente rápido (ahora mismo me siento la mismísima mula Francis), pero las ganas y la ilusión, esas no ceden ni un ápice. Este año espero poder ir a la maratón de Horcajuelo, me gustaría ir a Os Foratos de Lomenás, y quién sabe, quizá repetir Aneto (confieso estar tan loca de querer repetir Salenques), si el yayo Quique se anima… Sobre la marcha es difícil (las inscripciones salen y vuelan meses atrás), pero que para algo están los seguros de anulación ;) Y Tena… ay Tena, me tienes comido el coco… Quizá con los deberos hechos, y la lección aprendida, me atreva… o no…

Soñad, corred, brincad, saltad, hacedlo todo lo que sea con ilusión, con ganas, marcaros objetivos o hacedlo sobre la marcha, pero no dejéis de ser felices, todo eso que os lleváis por delate… Yo lo intento, cada día y a cada momento, hay días mejores, y días peores, días que ni te levantarías de la cama y otros que te comerías el mundo… pero merece la pena sacar lo positivo de cada momento, ¿no creéis?

Soy afortunada, soy feliz… nos vemos en 2019, en los caminos, en las carreras, y en los bares ;)

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